Gonzalo Anti New World Order


Aceite

En terapéutica se usan distintos aceites, como el de Ricino, el de Almendras, el de Oliva, el de Coco, etc. Se emplean, además, con el nombre de aceites medicinales, en los cuales el aceite sirve sólo de excipiente. Estos aceites son simplemente disoluciones de diferentes principios medicamentosos en un aceite vegetal, por lo regular el de Oliva o el de Almendras dulces, que tienen las propiedad de disolver varias sustancias. Estos aceites son simples o compuestos, es decir, contienen una sola sustancia medicamentosa o varias de ellas y pueden prepararse por simple disolución, por maceración, por cocción o por digestión. El aceite alcanforado, que contiene un 10% de Alcanfor, se obtiene por el primer procedimiento. Los aceites perfumados, que tanto usaban los romanos, eran preparados por maceración. La cocción se aplica a las plantas frescas; estos aceites se obtienen mezclando hojas de la planta de que se trate con aceite de Oliva en un mortero de mármol, haciendo cocer lentamente la mezcla hasta que se ha evaporado el agua, y filtrándolo después. Así se obtienen los aceites de Mirto y otros. El último procedimiento (digestión) se sigue, por ejemplo, en la obtención del aceite de Manzanilla: se mezclan 100 gramos de hojas secas de Manzanilla en 1000 gramos de aceite (de Oliva, de Linaza o de Girasol), al baño maría, tapado, agitándolo de vez en cuando y se filtra la mezcla. De un modo análogo se prepara, entre otros, el aceite de Ajenjo que requieren en la operación cinco o seis horas.

Otra forma de preparar el aceite de Manzanilla es el siguiente: se toma un buen aceite en estado natural, sea de Oliva, de Girasol, de Linaza (pero no de la clase que se usa para pinturas y barnices) o de semilla de Calabazas, se mezcla una buena cantidad de Manzanilla con dicho aceite y se expone durante 15 días al sol; es decir, en un frasco de vidrio o botella; es preferible el color blanco para que el sol penetre bien. Después se cuela, y el excelente preparado está listo para curar muchas dolencias.

Veamos otros ejemplos de aceites:

Aceite de Hipericón: Se usan solamente las flores de esta planta y se emplea una medida de litro, llenando ¼ de litro con dichas flores y agregando ½ litro de aceite de Oliva o de Girasol. Se cierra bien la botella y se deja por lo menos tres semanas al sol. De vez en cuando se remueve un poco el contenido y se cuela una vez transcurrido el tiempo indicado.

Aceite de Lavándula (AlhucemaEspliego): En este caso se mezcla un puñado de flores de esta planta con medio litro de aceite de Oliva o de Girasol. Después de exponerlo tres semanas al sol en una botella bien cerrada, se filtra y el aceite ya está listo para el uso.

Efectos fisiológicos de los aceites grasos

Los aceites grasos, aplicados en fricciones sobre la superficie cutánea, lubrican la piel, penetran con falicidad los folículos de la misma e incluso entre los intersticios de la epidermis; por esta causa, y también porque impiden la salida de los productos acuosos que se eliminan por la cubierta tagumentaria del cuerpo, dan a la piel mayor blandura, la hacen más elástica y flexible y la protegen contra las influencias exteriores. Son absorbidos en regular proporcion a través de la piel, llegando al torrente circulatorio por la vía linfática. Esta absorción es mucho más rápida si se les introduce en el tejido conjuntivo subcutáneo.

Ingeridos por la boca, comienza su digestión en el intestino delgado, gracias a los jugos que en él se encuentran y muy especialmente al jugo pancreático, que en parte  los emulsiona finamente y en parte los descompone y saponifica; así transformados, son absorbidos a través de las vellosidades intestinales, penetrando en los quilíferos y en las venas, por esta absorción tiene ciertos límites, pues si se ingiere demasiada cantidad de grasa o la sangre la contiene ya en proporción notable, la mayor parte de la grasa ingerida es expulsada con los excrementos, en los que puede reconocerse perfectamente: esto explica por qué el uso de los aceites grasos en cantidad excesiva determina diarreas acompañadas de dolores intensos y a veces también hasta náuseas y vómitos.

Los aceites grasos empleados con un fin terapéutico, y por tanto a dosis convenientes, constituyen factores importantes para la formación de tejidos orgánicos, para la nutrición y el crecimiento y también para la producción del calor natural; disminuyen la necesidad de otras sustancias alimenticias, limitan la absorción de oxígeno y la transformación de los principios inmediatos nitrogenados del cuerpo; favorecen, en cambio, la transformación de la albúmina introducida en la sangre y determinan una disminución en la cantidad de sales y otros compuestos que se eliminan por la orina.

Usos terapéuticos de los aceites

Para uso interno se emplean como purgantes más o menos enérgicos, como ocurre con el de Ricino; o como laxantes suaves, cual sucede con el aceite de Oliva cuando se administra en cantidad de 50 a 150 gramos, ya en una sola dosis, ya fraccionado en pequeñas tomas sucesivas. Se usan también para uso interno en estado de fina emulsión mediante sustancias mucilaginosas, constituyendo mixturas oleosas, en algunos estados irritativos o flegmásicos de las vías digestivas, así como para combatir algunas afecciones espasmódicas y dolorosas del tubo gastrointestinal o para calmar estados de congestión o de exitación del mismo, debido a la presencia de algunos parásitos o de otros agentes irritantes, ya de naturaleza mecánica, ya de acción química; para estos fines suele preferirse el aceite de Almendras dulces.

Han sido también recomendados para uso interno los aceites grasos, y particularmente los de Oliva y de Almendras dulces, como antitóxicos en los envenenamientos por sustancias acres, por óxidos metálicos o por sus sales, o por otras sustancias parecidas; pero su acción, en semejantes circunstancias, se limita a moderar los efectos irritantes o cáusticos del veneno sobre las vías digestivas, pues no pueden en manera alguna considerarse como verdaderos antídotos, y hay que tener en cuenta, por otra parte, que a veces facilitan la absorción del tóxico: en algunas intoxicaciones resultan, por esta circunstancia, verdaderamente nocivos, como ocurre especialmente en el envenenamiento agudo por el fósforo, cuya absorción favorece en alto grado.

Para uso externo los aceites grasos tienen también distintas aplicaciones: se han recomendado en fomentos o en baños prolongados locales o generales, según las circunstancias, para el tratamiento de las quemaduras; se usan también como tópicos para reblandecer las escaras gangrenosas y las costras muy adherantes, con objeto de facilitar su desprendimiento y eliminación. En Dermatología se prescriben algunas veces en forma de fricciones cuando la piel se halla muy seca y como resquebrajada, o cuando se presenta cubierta de escamas o de formaciones crustiformes que conviene se desprendan. Pueden usarse también en los conductos naturales con objetos diferentes: así, por ejemplo, se instalan en el conducto auditivo externo para reblandecer el cerumen, para matar los insectos que en él hayan penetrado y dar blandura y elasticidad a la membrana de tímpano; se inyectan en la uretra o en la vagina para combatir estados inflamatorioas en estas partes; se dan en enemas, ya como purgantes, ya para modificar los procesos flegmásicos de la mucosa rectal. Asimismo algunos clínicos han prescrito los aceites grasos solo o asociados a algún antiséptico en forma de fricciones generales en los exantemas agudos y en ciertas erupciones cutáneas muy extensas para combatir la sensación de ardor y la tensión inflamatoria de la piel y para favorecer más tarde el desprendimiento de las escamas y costras.

Los aceites grasos, además de ser la base de los llamados aceites medicinales, se emplean para preparar multitud de pomadas, ceratos, emplastos y linimentos.

Fuente: Libro “Consejero de Medicina Natural II: Tratamientos”, por Carlos Kozel.

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