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El “golpe encubierto”: Una operación a dos puntas ¿Con CIA o sin CIA?

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, se metió solo en la boca del lobo (en la manifestación de policías sublevados), y a partir de allí, en medio de la tensión local e internacional, comenzó a desarrollarse una jornada que combinó maniobras políticas para convertir el incidente en un golpe encubierto“, con una posterior operación comando de fuerzas especiales que terminó con el presidente reinstalado en el palacio presidencial. El saldo: Correa, repotenciado, en el mismo momento de ser liberado, comenzó una campaña de aprovechamiento político mediante la victimización extrema y la promesa de castigo para los “golpistas“. Y la pregunta de fondo ¿Cómo jugó EEUU en el golpe?

Por Manuel Freytas (*)

Los expertos coinciden en Ecuador: No hubo un plan de secuestro del presidente, sino un plan improvisado de convertir la detención del presidente en el hospital en una especie de secuestro no explicito orientado a generar las condiciones para una operación golpista encubierta.

Golpe encubierto“, y un claro intento del gobierno de aprovechar la situación a favor de Correa fue la sensación y el rumor que empezó a circular entre los especialistas que seguían los acontecimientos desde Ecuador.

Todo había empezado cuando Correa, en un claro intento de sumar marketing político, fue a arengar a los efectivos rebelados para que depusiesen su actitud y aceptaran la medida de recorte salarial que se les había impuesto.

El presidente fue recibido con piedrazos y con gases, y terminó haciendo un discurso que mezclaba lo trágico con la parodia y un llamado a que lo mataran si tenían valor. ¡Mátenme si quieren!, llegó a decir en estado de histeria.

Lo demás, es un proceso conocido y documentado por las cámaras.

Ecuador entró en caos. Saqueos, confusión, enfrentamientos de partidarios del gobierno con la policía, rumores de más levantamientos, operaciones militares en el Parlamento y en el Aeropuerto, técnicamente, un clima golpista de tensión en ascenso con el presidente secuestrado en el hospital policial.

No hubo pronunciamientos, nadie reivindicó el secuestro del presidente, nadie se adjudicó una operación golpista,  pero la procesión iba por dentro, las operaciones de aprovechamiento venían cruzadas, y los políticos y la inteligencia decidieron hacer lo suyo.

Hasta aquí, Correa había cometido un error, estaba encerrado, y entonces comenzaron a funcionar las usinas operativas con la Embajada de EEUU y los políticos, de uno y otro sector, quienes especulaban para posicionarse, y trataban de enterarse si la movida venía con luz verde del Departamento de Estado o del Pentágono.

La CNN acudió al hombre “indicado“, el encargado del aérea de América Latina del Departamento de Estado, Arturo Valenzuela, quien condenó todo intento golpista en Ecuador, pero dejó en claro que Washington todavía no veía las condiciones de un levantamiento contra el poder constitucional.

En el plano internacional, y haciendo suya la denuncia de golpe de Estado de Correa, la Unión Europea, la OEA, presidentes del mundo y la totalidad de los mandatarios latinoamericanos condenaron preventivamente el intento de desestabilización del proceso constitucional ecuatoriano.

Y para completar la UNASUR y el ALBA llamaron a una defensa cerrada del presidente de Ecuador para evitar la repetición de una Honduras en América del Sur.

El “golpe encubierto”

Y las preguntas se multiplicaban. ¿Estaba EEUU detrás del golpe? ¿La Casa Blanca con Correa, y el Pentágono con los golpistas? ¿Washington unido para terminar con el presidente izquierdista?

La aparición, con un claro apoyo a los policías sublevados, del ex presidente Lucio Gutiérrez, alentó las versiones de una mano negra del Pentágono y de los sectores conservadores en la operación que se estaba cocinando con el correr de las horas y la detención de Correa.

De cualquier manera, habían dos operaciones  cruzadas: Por un lado el gobierno tratando de sacar crédito político de la confusa detención de Correa en el hospital militar, y por otro las acciones políticas subterráneas  para convertir el episodio en una serie de acontecimientos que pudiesen derivar en el debilitamiento o la destitución de Correa.

A eso de las cinco de la tarde en Ecuador comenzó, entre los que manejan información clasificada, a correr la versión de una plan de “golpe encubierto que venía montado en la confusa situación de secuestro no reconocido por los captores, que padecía el presidente Correa.

Según la especie, sectores de la oposición, con Lucio Gutiérrez como pivote, alentaban el plan de mantener secuestrado a Correa, sin ningún pronunciamiento, dejando que transcurriesen las horas y que el presidente y el gobierno comenzaran a sufrir un desgaste mientras Ecuador ingresaba a un “vacío de poder“.

La idea, según la versión, era precipitar negociaciones de emergencia para reducirle el poder a Correacerrando el Parlamento y llamando a elecciones anticipadas, que incluían desde la permanencia del presidente debilitado en su puesto, hasta su derrocamiento por vías institucionales.

Los conspiradores supuestamente jugaban una carta: que ni el Ejército ni la policía leal iban a reprimir a los amotinados ni a intentar operaciones para rescatarlo. Lo que indicaría, según la versión, de que el Pentágono y la estación local de la CIA estaban en la maniobra.

Las palabras del jefe del Ejército ecuatoriano adelantando que el conflicto debería “resolverse entre ecuatorianos” y sin hechos de violencia reafirmaron a quienes hablaban del plan golpista encubierto y sin represión.

A eso de las 22 horas del jueves en Ecuador, se respiraba la sensación de que Correa se había metido solo en una ratonera y que su secuestro, no reivindicado por nadie, iba para largo, mientras se daban las condiciones para la operación política con su destitución.

Pero algo no le cerraba a los especialistas.

Nada indicaba que Correa hubiese sido aislado en un área protegida militarmente por los sublevados, sino que se mantenía en una habitación rodeado por sus custodias, y la única línea demarcatoria de su secuestro era el cerco que habían establecido los sublevados afuera y adentro del hospital.

Esto, según los expertos, pone en evidencia que no hubo una acción militar planificada desde arriba, sino una improvisación sobre la marcha. Lo que empezaba a poner en duda la participación de la CIA en la operación.

Otro punto que no estaba claro era el ingreso de las fuerzas especiales leales al hospital.

¿Una operación de engaño? ¿Fuerzas leales haciéndose pasar por golpistas, y luego actuando para salvar a Correa? Este punto permanece en la nebulosa.

Y plantea en sí misma una conclusión inevitable. Si el Pentágono y la CIA (controladores del aparato militar, de inteligencia y de seguridad de Ecuador) estuvieran en el “golpe encubierto” contra Correa, esas fuerzas especiales no hubieran actuado para rescatar a Correa.

Y para los especialistas, queda claro que esta vez el Pentágono, o un sector importante del mismo, no jugó con los conspiradores, sino  para restaurar la permanencia del gobierno de Correa.

Y también queda claro que si la CIA hubiese intervenido en la operación del secuestro presidencial, habría tomado todas los resguardos de aislamiento y protección del prisionero.

En conclusión, según los especialistas, solo quedan dos alternativas:

A) Que los golpistas solamente hayan actuado y desarrollado el plan con elementos sublevados policíacos locales sin ninguna experiencia en operaciones especiales.

B) Que el Pentágono y la CIA se hayan plegado al golpe y luego dieran marcha atrás, o que directamente hubieran hecho una operación de engaño para rescatar a Correa casi sin resistencia.

Como sintetizó gráficamente un comentarista: “Si la CIA y el Pentágono hubieran estado detrás, Correa no sale vivo“.

En resumen, un error marketinero de Correa, una operación de aprovechamiento a dos puntas, con un plan de “golpe encubierto” detrás. Una prolija operación de rescate militar del presidente. Y Correa, fortificado y exultante, perpetuándose en el sillón del poder con un discurso ganador en el balcón presidencial.

Y nada de eso hubiera ocurrido si la CIA y el Pentágono hubieran estado firmes detrás del golpe para derrocarlo.

Correa salió al balcón, porque el Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA así lo quisieron.

Los expertos saben que hay suficiente  experiencia estadística  en América Latina para pensar lo contrario.

Fuente: IAR Noticias

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.

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