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Los países balcánicos amordazan a los medios

Por Thomas Brey

“Una situación de libertad de prensa sumamente difícil”, sentencia Reporteros sin Fronteras al referirse a los países balcánicos. “Las amenazas contra periodistas y la creciente influencia de grupos criminales dificultan considerablemente la labor de los medios en el sureste de Europa”, señala diplomáticamente el más reciente informe de la organización.

En todos los países balcánicos, que aspiran a incorporarse a la Unión Europea (UE), tanto los poderosos en el ámbito político como los muchas veces oscuros empresarios han descubierto el poder de los medios para proteger sus intereses.

Por tanto, intentan controlar los medios con todos los recursos posibles. Y los ataques diarios a periodistas y las decisiones de las autoridades, manipuladas de forma espectacular, así como los procesos juridícos, son en este contexto todavía métodos inocuos que se utilizan para conseguir este objetivo.

En términos generales, el mecanismo para lograr poder sobre los medios es el mismo en todos los países de la región. Los ‘empresarios’ que, con la ayuda de todos los partidos en el gobierno, se hicieron ricos durante los poco transparentes procesos de privatización en la década de los 90 invirtieron su dinero en los medios. Estos se ponen al servicio de los gobiernos, que a su vez se cuidan de no molestar a los nuevos superricos.

El presidente de Serbia, Boris Tadic, “se apoya en el poder de las empresas de marketing más fuertes y en un control fascinante de los medios“, constató hace algunos días la revista belgradense ‘Nin‘. Ello explica por qué ningún otro político supone una amenaza para el poderoso jefe de Estado.

En Macedonia, la Justicia la emprendió con la emisora televisiva A1, demasiado rebelde a su juicio, en lo que la oposición y las organizaciones de periodistas consideran como un atentado a la libertad de los medios.

En Montenegro, el gobierno acosa a los pocos periódicos críticos en este país, como ‘Vjiesti‘ y ‘Monitor‘, con demandas de indemnización por daños y perjuicios que ponen en peligro la existencia de esos medios.

En Kosovo, varios periodistas han sido amenazados, junto con sus familias, solo por difundir informaciones tímidamente críticas. En Bosnia, Fahrudin Radoncic, uno de los hombres más ricos del país, ha utilizado sin escrúpulos su poderoso periódico ‘Avaz‘ para cimentar su ascenso político.

La situación del sector se ha visto deteriorada por la crisis económica, la competencia de Internet, la caída de los ingresos por publicidad y un cambio en los hábitos de lectura.

En Croacia, la tirada de muchos de los principales periódicos se ha reducido a la mitad en los últimos dos años. Por ello, al gobierno y a las empresas les resulta más fácil ejercer presión por medio de los anuncios de publicidad, que han llegado a ser indispensables para la sobrevivencia de muchos periódicos. Para mantener su influencia, los dueños de los medios generalmente aceptan de buena gana pérdidas, que incrementan aún más ofreciendo precios de venta por debajo de los costes de producción.

En Serbia, donde ni siquiera se conocen las relaciones de propiedad de muchos periódicos y emisoras televisivas, el Estado se inmiscuye obscenamente en el negocio de los medios. La mitad del periódico más importante, ‘Politika‘, pertenece al gobierno, que también quiere hacerse con la otra mitad.

La agencia estatal serbia de noticias Tanjug es financiada con el dinero de los contribuyentes. La televisión estatal baila al compás del gobierno, aunque está dirigida por uno de los periodistas más cuestionados, un oportunista que salvó su pellejo como lacayo del gobierno del antiguo presidente Slobodan Milosevic buscando un sitio en la nueva era, supuestamente democrática.

La editorial alemana WAZ había desarrollado una fuerte presencia en el mercado de los medios del sureste de Europa, donde compró durante tres lustros varios periódicos. Con la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) se acordaron normas y estándares éticos para el periodismo en esos ex países comunistas.

El año pasado, sin embargo, WAZ decidió vender algunos medios importantes en Rumania y Bulgaria. En Serbia, la editoral anunció su salida del país, después de que el ministro de Economía, Mladjan Dinkic, declarara públicamente que WAZ no era bienvenida en el país. La editoral también planea salir de Croacia una vez que haya encontrado a un comprador.

Para explicar los motivos de su repliegue de los Balcanes, el director de WAZ, Bodo Hombach, citó el caso de Rumania. La mayoría de los medios en ese país, dijo Hombach, están en manos de “oligarcas” que utilizan dinero de dudosa procedencia para financiar periódicos con el objetivo de proteger su situación privada. Y eso cuando justamente en los ex países comunistas que buscan su integración en la UE no hay nada más importante que una prensa libre, ya que sola ella puede combatir los errores, el abuso de poder y la corrupción.

Fuente: El Mundo

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Un peruano tuvo pruebas del tráfico de órganos en Kosovo, pero fue ignorado

Un antropólogo y jurista peruano José Pablo Baraybar afirma que tuvo testimonios del tráfico de órganos en Kosovo ya en 2002, pero sus pruebas de convertir esta información en una investigación se quedaron inútiles. Lo declaró en una entrevista para la revista Le Temps, citada por EFE.

Baraybar encabezó el programa de la Misión de Naciones Unidas en Kosovo de búsqueda de los desaparecidos y encontró bastantes datos para iniciar una instrucción, pero por algunas razones ella no fue comenzada.

El investigador peruano comenta que tuvo ocho testimonios de las acciones ilegales del transporte de presos serbios de Kosovo a Albania y las evidencias obtenidas en el sitio donde fueron llevados. Allí encontró huellas de sangre y bolsas con material médico. Baraybar presentó sus pruebas ante el Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia, pero nunca recibió alguna respuesta del destino de los datos. Dijo que “no se sorprendería” con saber que la Corte podía destruir su información.

Es extraño que la ex fiscal del TPYI (Carla del Ponte) haya escrito un libro de éxito denunciando los hechos cuando podía haber abierto una investigación ella misma“, continúa. “Dirán que no tenían jurisdicción en Albania, pero si les hubiera interesado habrían sido más proactivos“.

La misma Carla del Ponte esta semana comentó, que no pudo organizar la investigación ya que el TPYI no tuvo jurisdicción para entrar en este asunto, “aunque las autoridades de Kosovo y de la República de Albania sí la tenían“.

El tema salió a la luz con el informe del Consejo de Europa, que acusa al primer ministro actual de Kosovo, Hashim Thaci, de ser líder de un grupo criminal y tener relación inmediata con el tráfico de drogas y órganos humanos. El autor del informe, el miembro de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, el suizo Dick Marty, empezó la pesquisa tras la publicación del libro de Carla del Ponte, donde ella denunció la posible implicación de los oficiales kosovares con los crímenes del tráfico de órganos.

El primer ministro Thaci, a su vez, rechazó las acusaciones y opinó que se trataba de las tentativas de “menoscabar la imagen de Kosovo, y también dañarle personalmente, y más expresamente dañar a la gente de Kosovo y al Estado de Kosovo“.

Fuente: Russia Today

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La UE investiga el caso del tráfico ilegal de órganos en Kosovo

Los fiscales europeos han presentado cargos a siete de los organizadores de una banda criminal que se ocupaba de sustracción de órganos ilegal en Kosovo, mientras que dos más tienen orden de búsqueda y captura, según informó el EULEX, la misión jurídica de la UE en la región.

Según se ha podido saber se les acusa del contrabando de personas, de actividad médica ilegal y además de abuso del poder. “Los cargos relacionados con los casos médicos actualmente están siendo estudiados por el Juzgado de Distrito de Prístina. Estamos esperando un análisis que los confirme“, comunicó Alexandra George, representante de la misión.

Los datos de esta red internacional formada principalmente por kosovares, fueron divulgados a finales de la semana pasada. Los investigadores que desarrollaron el asunto durante los últimos dos años, informaron de que el grupo criminal inducía a personas en otros países -Moldavia, Kazajistán, Rusia y Turquía- a entregar sus riñones para trasplantes a cambio de dinero y les llevaban a Kosovo, donde eran sometidos a cirugía.

A las víctimas les prometían hasta 20.000 dólares, pero los operados nunca recibieron las sumas acordadas, mientras que los receptores de los órganos pagaban entre 110.000 y 137.000 dólares por los trasplantes.

Se descubrió también que algunos de los criminales habían ocupado altos cargos en el Ministerio de Salud. El caso se ha considerado como el más serio de la historia de Kosovo tras autoproclamar su independencia en 2008.

El enclave criminal

Cabe precisar que no es el primer expediente sobre tráfico de órganos en la región. Las raíces de esta atrocidad se esconden en la guerra de los años 90 en los Balcanes, pero la situación empeoró aún más después del bombardeo de Serbia por parte de la OTAN en 1999: en aquel entonces, cerca de 300 prisioneros serbios fueron asesinados por el Ejército de Liberación de Kosovo con el objetivo de vender partes de su cuerpo.

En 1999, tras la firma del acuerdo técnico militar, las fuerzas de la OTAN prometieron garantizar la seguridad de la gente que vivía en Kosovo más allá de su origen étnico. Pero después de que las fuerzas serbias dejaran Kosovo, los secuestros aumentaron considerablemente“, indica Milorad Trifunovic, de la Federación de Personas Secuestradas en Kosovo.

Los órganos de muchos de los secuestrados fueron sustraídos en un lugar denominado ‘la casa amarilla‘, descubierto por Carla del Ponte, la ex fiscal del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, que desvela estos acontecimientos en el libro ‘The Hunt: Me and the War Criminals‘. Lo escribió y publicó tras visitar el lugar de los hechos, pero no logró demostrar casi nada y sus acusaciones fueron rechazadas por las autoridades kosovares y albanesas.

Fuente: Russia Today