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Los ‘microbloggers’ chinos deberán proporcionar su nombre real

Los usuarios de los servicios chinos de ‘microblog’, deberán facilitar su auténtica identidad, según una nueva norma del gobierno.

Los ‘microblog‘, donde habitualmente se divulgan opiniones e información censurada en la prensa oficial, tienen más de 300 millones de usuarios.

En la elaboración de esta nueva normativa han participado también el buró de Seguridad Pública y la oficina de administración de Internet, con jurisdicción nacional, por lo que la medida es susceptible de ser trasladada a otros municipios o provincias.

Los ‘microbloggers‘ son libres de escoger el nombre que utilicen en la red, pero, a partir de ahora, deben facilitar su identidad real a los administradores de la web antes de publicar opiniones o contenidos, de forma que controlen el contenido de críticas vertidas por los usuarios, lo que en China puede conllevar graves represalias, como por ejemplo en el caso del Premio Nobel de la Paz 2010, Liu Xiaobo que cumple condena por haber redactado, y publicado un manifiesto en el que él y otros cientos de ciudadanos chinos pedían reformas democráticas, entre ellas el fin de la censura.

Por otro lado, un funcionario de la Oficina de Información de Pekín señaló a la agencia de noticias Xinhua, bajo condición de “anonimato“, que “la nueva normativa está destinada a proteger los intereses de los usuarios y a mejorar la credibilidad de la web“.

En los últimos meses ‘Weibo‘, uno de los ‘microblogs‘ más usados en China perteneciente a Sina.com, ha aireado asuntos de interés público.

Sin embargo, grupos de defensa de la libertad de expresión y de los derechos humanos, como Amnistía Internacional señalan que el país asiático es uno de los más censores del mundo, con varios “ciberdisidentes” encarcelados, y cuenta con la tecnología más sofisticada para silenciar la red.

Fuente: El Mundo

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Por David Jiménez

Incluso para un régimen que siempre ha despreciado el pensamiento independiente, bajo cuyo gobierno se puede desaparecer sin más, la represión de los últimos meses supone una escalada. Y lo es, en parte, porque el castigo en China ha dejado de limitarse al acusado. Su abogado, sus amigos o su familia suelen acompañarles en una persecución que incluye arrestos, pérdida del trabajo y, en ocasiones, violencia física.

Los motivos de la campaña contra la disidencia varían desde el temor del Partido Comunista a un contagio de las revueltas árabes al tradicional endurecimiento que experimenta el régimen en vísperas de la sucesión en el poder, prevista para el próximo año. La explicación más simple: la dictadura se muestra crecientemente insegura ante las dificultades para controlar lo que dicen, leen y ven sus ciudadanos, sobre todo en Internet.

La creencia general es que no hay nada que podamos hacer para forzar a los líderes chinos a respetar los derechos humanos. Nada salvo evitar convertirnos en sus cómplices con nuestro silencio, la opción mayoritariamente elegida.

Cómplices

Cómplices son los líderes políticos que como José Luis Rodríguez Zapatero viajan a China con el mensaje de que no les importa lo que ocurra con los detenidos, mientras sus carceleros compren un poco de nuestra deuda o inviertan en alguna caja arruinada.

Cómplices son los periodistas que informan desde esa dictadura como si no lo fuera, omitiendo o minimizando sistemáticamente los abusos.

Cómplices son los empresarios que no se conforman con hacer negocios en China, a lo que tienen todo el derecho, sino que han formado el principal lobby de presión a favor del mantenimiento de la dictadura.

Cómplices son los diplomáticos occidentales que no tienen rubor en confesar su admiración por un régimen que no respeta ninguno de los derechos reconocidos en el país al que supuestamente representan.

Y cómplices son todos aquellos expatriados que no se cansan de repetir que ellos no respiran represión alguna en China, ignorando la inmunidad que les confiere ser extranjeros. Ninguno de ellos teme una visita a medianoche de los agentes de la Oficina de Seguridad. En sus pequeños oasis, todo es libertad.

Juegos Olímpicos

Hablamos de los mismos que pidieron incansablemente la legitimación del régimen entregándole los Juegos Olímpicos de 2008 y recomendando callar ante los abusos, asegurando que era la mejor estrategia para abrir el país políticamente.

Ahora que Pekín se ha quedado con la legitimidad, devolviendo a cambio más represión, no les escucharemos rectificar o levantar la voz en contra de las detenciones. Les va el puesto, la cuenta de resultados, tener que asumir las contradicciones de su agradable vida oriental o, como en el caso de España, arriesgar una ayuda china para tapar las grietas de nuestros años de excesos.

Haber predicho que las cosas serían así no servirá de consuelo a los disidentes, periodistas, artistas, intelectuales o simplemente familiares de los detenidos que han desaparecido en la mayor campaña de represión política que ha vivido el país desde Tiananmen en 1989.

Los encarcelados más conocidos son el Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo y el artista Ai Weiwei, pero a ellos se les han unido personas anónimas que desaparecen sin dejar rastro, confinadas en celdas de aislamiento sin acceso a sus abogados o familias.

No, quizá no haya nada que podamos hacer para detener la ola de represión de la dictadura china (o de otras dictaduras). Nada salvo evitar convertirnos en sus cómplices con nuestro silencio.

Fuente: El Mundo

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