Gonzalo Anti New World Order


La estrategia de manipulación encubierta en la “protesta de los indignados”

IAR Noticias, 23 deMayo de 2011 – En la Guerra de Cuarta Generación se contienen las técnicas y estrategias operativas direccionadoras de conducta colectiva que subyacen detrás de lo que ingenuamente se conoce como “protestas populares espontáneas”, que las grandes cadenas mediáticas imperiales instalan como una verdad aceptada a escala global.

Por Manuel Freytas (*)

La nueva herramienta manipuladora

En IAR Noticias siempre empezamos la historia por el final.

Nuestro estilo contrainformativo siempre consistió en proyectar y analizar los acontecimientos con un objetivo de anticipación del desenlace, y sin que el árbol de la “coyuntura periodística” (manipuladora del sistema) tape el bosque de la comprensión general.

En plena euforia mediática de la “revolución democrática” de los “indignados” en España señalamos que se trataba (y más allá de la “buena intención” de sus participantes) de una nueva estrategia de movilización masiva basamentada en un tripode convergente: Internet, teléfonos celulares, y grandes cadenas mediáticas.

Desde su instrumentación casi orgánica  en Medio Oriente y en África con las “revueltas populares” promovidas por la CIA y los servicios aliados, la Internet y los celulares fueron la clave de estas movilizaciones cuyos contenidos y objetivos sólo los conocen sus instigadores ocultos.

O sea los beneficiarios encubiertos (servicios de inteligencia y grupos del poder) que los inducen a través de operaciones de acción psicológica principalmente en las “redes sociales“. Y que luego se convierten en masivos a través de la difusión a escala global (en vivo y en directo) por las grandes cadenas mediáticas internacionales.

La variante española

En realidad, la llamada “protesta de los indignados” en España, es una actualización aggiornada y en otra etapa (con un salto cualitativo informático) del “Cacerolazo” que derrocó institucionalmente a Fernando de la Rúa en Argentina, y de la “rebelión de los jóvenes” que derrocó de la misma manera a Lucio Gutiérrez en Ecuador.

A casi una semana de su nacimiento en España, ya tenemos la primera señal (y el primer emergente) de un beneficiario claro de la “protesta de los indignados” en las urnas: El Partido Popular arrasó electoralmente el domingo al PSOE, el partido en el gobierno.

Así como el “Cacerolazo” argentino (un sucedáneo histórico de las “revueltas populares“)  derrocó  sin un golpe de Estado militar al Partido Radical (gobierno de De La Rúa) e instaló al Partido Justicialista (gobierno de Duhalde) la “protesta de los indignados” ya arrojó claramente un beneficiario en el campo político.

Históricamente, estas herramientas de movilización y protestas masivas como la que está funcionando en España, atacan al “empleado” (los políticos) y preservan los intereses del “patrón” (El Estado y el sistema capitalista), sirviendo  funcionalmente como instrumentos de “golpes democráticos-institucionales” por medio de los cuales los grupos del poder local definen su interna electoral y su guerra por el control del gobierno y del mercado interno.

El nuevo Objetivo estratégico (La función de la Guerra Psicológica)

Los nuevos proyectos geopolíticos de conquista imperialista en la era trasnacional de las comunicaciones requieren de sofisticadas estrategias de Guerra Psicológica para su imposición sin el uso de las armas.

Los fines prescriptos por la estrategia de dominación con la Guerra Psicológica son los mismos que se utilizan con la guerra militar: dividir, atomizar, controlar al individuo-masa de las sociedades dependientes (el AP). Es la lógica de Maquiavelo aplicada por medios científicos y tecnológicos.

La Guerra Psicológica librada en el plano de la comunicación estratégica y de las grandes estructuras mediáticas (los nuevos ejércitos de conquista) no se hacen por la conquista misma, sino en la búsqueda de un objetivo estratégico orientado en los intereses económicos de las potencias y las trasnacionales capitalistas.

La función de la Guerra Psicológica imperial-capitalista actual se orienta en tres objetivos claves:

1) Conquista de mercados emergentes (sociedades y países periféricos), mediante la imposición de la “cultura consumista” nivelada y globalizada por los medios masivos de comunicación, actuando sobre la psicología del hombre AP convertido en individuo-masa.

2) Control y dominación social (en los países dependientes), orientado a la represión y/o neutralización de conflictos sociales que amenacen el desarrollo de los planes empresariales y la acumulación y expansión de la ganancia capitalista trasnacional.

3) Disputas ínter-potencias por los mercados, destinada a sustituir a la guerra militar por áreas de influencia (también por conquista de mercados) enterrada con la Guerra Fría.

El frente mediático

Una plan de Guerra Psicológica,  no se hace con soldados y armas militares sino con medios de comunicación e individuos masificados (los AP) nivelados universalmente por los mismos estereotipos culturales y sociales.

El mensaje mediático a escala global nivela y masifica al individuo universal en una sola frecuencia comunicacional.

La realidad es sustituida por la percepción de la realidad a través del mensaje mediático-periodístico convertido en consignas, eslóganes y títulos, antes que en pensamiento reflexivo totalizado.

A través de la manipulación psicológica y el control ideológico, la sociedad civil, el individuo-masa suplanta a los soldados militares en el campo de batalla.

En la Guerra Psicológica, la potencia de fuego del soldado militar es sustituida por la potencia social del individuo-masa con su conducta manipulada hacia objetivos de control y dominación social, fijados por el capitalismo trasnacional para conquistar mercados y controlar a las sociedades consumistas.

Manipular, controlar, y convertir a este individuo-masa en potencia social direccionada con fines de control y dominio político-social es el objetivo estratégico clave de la Guerra Psicológica de última generación.

La guerra por el dominio y control de las sociedades y de las mentes, sólo se produjo a partir de la interacción funcional de la tecnología (medios de comunicación) y de la informática (electrónica y computación) orientada a un objetivo de control y dominio mediante una estrategia comunicacional.

El factor mediático (medios de comunicación, electrónica y computación, y estrategias comunicacionales) posibilitó que la guerra por el control y el dominio imperial capitalista tocara su máximo estadio de desarrollo estratégico: la Guerra de Cuarta Generación.

En resumen, en la Guerra de Cuarta Generación se contienen  las técnicas y estrategias operativas direccionadoras de conducta colectiva que subyacen detrás de lo que ingenuamente se conoce como “protestas populares espontáneas” que las grandes cadenas mediáticas imperiales instalan como una verdad aceptada a escala global.

Fuente: IAR Noticias

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.

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El “golpe encubierto”: Una operación a dos puntas ¿Con CIA o sin CIA?

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, se metió solo en la boca del lobo (en la manifestación de policías sublevados), y a partir de allí, en medio de la tensión local e internacional, comenzó a desarrollarse una jornada que combinó maniobras políticas para convertir el incidente en un golpe encubierto“, con una posterior operación comando de fuerzas especiales que terminó con el presidente reinstalado en el palacio presidencial. El saldo: Correa, repotenciado, en el mismo momento de ser liberado, comenzó una campaña de aprovechamiento político mediante la victimización extrema y la promesa de castigo para los “golpistas“. Y la pregunta de fondo ¿Cómo jugó EEUU en el golpe?

Por Manuel Freytas (*)

Los expertos coinciden en Ecuador: No hubo un plan de secuestro del presidente, sino un plan improvisado de convertir la detención del presidente en el hospital en una especie de secuestro no explicito orientado a generar las condiciones para una operación golpista encubierta.

Golpe encubierto“, y un claro intento del gobierno de aprovechar la situación a favor de Correa fue la sensación y el rumor que empezó a circular entre los especialistas que seguían los acontecimientos desde Ecuador.

Todo había empezado cuando Correa, en un claro intento de sumar marketing político, fue a arengar a los efectivos rebelados para que depusiesen su actitud y aceptaran la medida de recorte salarial que se les había impuesto.

El presidente fue recibido con piedrazos y con gases, y terminó haciendo un discurso que mezclaba lo trágico con la parodia y un llamado a que lo mataran si tenían valor. ¡Mátenme si quieren!, llegó a decir en estado de histeria.

Lo demás, es un proceso conocido y documentado por las cámaras.

Ecuador entró en caos. Saqueos, confusión, enfrentamientos de partidarios del gobierno con la policía, rumores de más levantamientos, operaciones militares en el Parlamento y en el Aeropuerto, técnicamente, un clima golpista de tensión en ascenso con el presidente secuestrado en el hospital policial.

No hubo pronunciamientos, nadie reivindicó el secuestro del presidente, nadie se adjudicó una operación golpista,  pero la procesión iba por dentro, las operaciones de aprovechamiento venían cruzadas, y los políticos y la inteligencia decidieron hacer lo suyo.

Hasta aquí, Correa había cometido un error, estaba encerrado, y entonces comenzaron a funcionar las usinas operativas con la Embajada de EEUU y los políticos, de uno y otro sector, quienes especulaban para posicionarse, y trataban de enterarse si la movida venía con luz verde del Departamento de Estado o del Pentágono.

La CNN acudió al hombre “indicado“, el encargado del aérea de América Latina del Departamento de Estado, Arturo Valenzuela, quien condenó todo intento golpista en Ecuador, pero dejó en claro que Washington todavía no veía las condiciones de un levantamiento contra el poder constitucional.

En el plano internacional, y haciendo suya la denuncia de golpe de Estado de Correa, la Unión Europea, la OEA, presidentes del mundo y la totalidad de los mandatarios latinoamericanos condenaron preventivamente el intento de desestabilización del proceso constitucional ecuatoriano.

Y para completar la UNASUR y el ALBA llamaron a una defensa cerrada del presidente de Ecuador para evitar la repetición de una Honduras en América del Sur.

El “golpe encubierto”

Y las preguntas se multiplicaban. ¿Estaba EEUU detrás del golpe? ¿La Casa Blanca con Correa, y el Pentágono con los golpistas? ¿Washington unido para terminar con el presidente izquierdista?

La aparición, con un claro apoyo a los policías sublevados, del ex presidente Lucio Gutiérrez, alentó las versiones de una mano negra del Pentágono y de los sectores conservadores en la operación que se estaba cocinando con el correr de las horas y la detención de Correa.

De cualquier manera, habían dos operaciones  cruzadas: Por un lado el gobierno tratando de sacar crédito político de la confusa detención de Correa en el hospital militar, y por otro las acciones políticas subterráneas  para convertir el episodio en una serie de acontecimientos que pudiesen derivar en el debilitamiento o la destitución de Correa.

A eso de las cinco de la tarde en Ecuador comenzó, entre los que manejan información clasificada, a correr la versión de una plan de “golpe encubierto que venía montado en la confusa situación de secuestro no reconocido por los captores, que padecía el presidente Correa.

Según la especie, sectores de la oposición, con Lucio Gutiérrez como pivote, alentaban el plan de mantener secuestrado a Correa, sin ningún pronunciamiento, dejando que transcurriesen las horas y que el presidente y el gobierno comenzaran a sufrir un desgaste mientras Ecuador ingresaba a un “vacío de poder“.

La idea, según la versión, era precipitar negociaciones de emergencia para reducirle el poder a Correacerrando el Parlamento y llamando a elecciones anticipadas, que incluían desde la permanencia del presidente debilitado en su puesto, hasta su derrocamiento por vías institucionales.

Los conspiradores supuestamente jugaban una carta: que ni el Ejército ni la policía leal iban a reprimir a los amotinados ni a intentar operaciones para rescatarlo. Lo que indicaría, según la versión, de que el Pentágono y la estación local de la CIA estaban en la maniobra.

Las palabras del jefe del Ejército ecuatoriano adelantando que el conflicto debería “resolverse entre ecuatorianos” y sin hechos de violencia reafirmaron a quienes hablaban del plan golpista encubierto y sin represión.

A eso de las 22 horas del jueves en Ecuador, se respiraba la sensación de que Correa se había metido solo en una ratonera y que su secuestro, no reivindicado por nadie, iba para largo, mientras se daban las condiciones para la operación política con su destitución.

Pero algo no le cerraba a los especialistas.

Nada indicaba que Correa hubiese sido aislado en un área protegida militarmente por los sublevados, sino que se mantenía en una habitación rodeado por sus custodias, y la única línea demarcatoria de su secuestro era el cerco que habían establecido los sublevados afuera y adentro del hospital.

Esto, según los expertos, pone en evidencia que no hubo una acción militar planificada desde arriba, sino una improvisación sobre la marcha. Lo que empezaba a poner en duda la participación de la CIA en la operación.

Otro punto que no estaba claro era el ingreso de las fuerzas especiales leales al hospital.

¿Una operación de engaño? ¿Fuerzas leales haciéndose pasar por golpistas, y luego actuando para salvar a Correa? Este punto permanece en la nebulosa.

Y plantea en sí misma una conclusión inevitable. Si el Pentágono y la CIA (controladores del aparato militar, de inteligencia y de seguridad de Ecuador) estuvieran en el “golpe encubierto” contra Correa, esas fuerzas especiales no hubieran actuado para rescatar a Correa.

Y para los especialistas, queda claro que esta vez el Pentágono, o un sector importante del mismo, no jugó con los conspiradores, sino  para restaurar la permanencia del gobierno de Correa.

Y también queda claro que si la CIA hubiese intervenido en la operación del secuestro presidencial, habría tomado todas los resguardos de aislamiento y protección del prisionero.

En conclusión, según los especialistas, solo quedan dos alternativas:

A) Que los golpistas solamente hayan actuado y desarrollado el plan con elementos sublevados policíacos locales sin ninguna experiencia en operaciones especiales.

B) Que el Pentágono y la CIA se hayan plegado al golpe y luego dieran marcha atrás, o que directamente hubieran hecho una operación de engaño para rescatar a Correa casi sin resistencia.

Como sintetizó gráficamente un comentarista: “Si la CIA y el Pentágono hubieran estado detrás, Correa no sale vivo“.

En resumen, un error marketinero de Correa, una operación de aprovechamiento a dos puntas, con un plan de “golpe encubierto” detrás. Una prolija operación de rescate militar del presidente. Y Correa, fortificado y exultante, perpetuándose en el sillón del poder con un discurso ganador en el balcón presidencial.

Y nada de eso hubiera ocurrido si la CIA y el Pentágono hubieran estado firmes detrás del golpe para derrocarlo.

Correa salió al balcón, porque el Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA así lo quisieron.

Los expertos saben que hay suficiente  experiencia estadística  en América Latina para pensar lo contrario.

Fuente: IAR Noticias

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.

Correa asegura que ‘no habrá perdón ni olvido’ tras el intento de ‘golpe de Estado’ en Ecuador

  • Denuncia una conspiración del ex presidente Gutiérrez.
  • El mandatario anuncia ‘una profunda depuración de la Policía Nacional’.
  • El comandante general del cuerpo, Freddy Martínez, ya ha dimitido de su cargo.
  • El jefe de Estado fue ‘secuestrado’ por un grupo de agentes amotinados.

El Gobierno de Ecuador busca a los responsables de la sublevación policial que el jueves desembocó en el secuestro durante varias horas del presidente, Rafael Correa, quien ha apuntado como instigador al ex mandatario Lucio Gutiérrez.

La crisis mantuvo en vilo al país mientras el jefe de Estado permanecía acorralado en un hospital por un importante grupo de agentes que se manifestaba contra los recortes de sus sueldos y que acabó atacando con gases lacrimógenos a Correa, quien tuvo que ser rescatado por el Ejército.

Inmediatamente después de su liberación, en un operativo militar en el que murieron al menos dos agentes, el presidente anunció una “profunda depuración de la Policía Nacional” tras lo que definió como “un intento de golpe de Estado“. El comandante general de la Policía, Freddy Martínez, ya ha dimitido de su cargo, mientras que el fiscal de la Nación, Washington Pesántez, afirmó que investigará los hechos.

Una ‘república de opereta’

No se trató de una legítima reclamación salarial, sino de un claro ejemplo de conspiración“, sentenció Correa en una rueda de prensa. El mandatario, que lucía la banda presidencial, aseguró que “los ambiciosos de siempre, los irresponsables de siempre han hecho quedar mal al país a nivel internacional“, presentándolo como una “república de opereta donde se secuestra al presidente“.

Correa explicó que hubo “varias acciones coordinadas que querían crear el caos con el pretexto de que se habían quitado beneficios económicos a la policía nacional y a los militares“, algo “falso” según el jefe de Estado, que aseguró que los involucrados tendrán la sanción correspondiente.”Aquí no habrá perdón ni olvido“, afirmó, al insistir en que no dará “un paso atrás” en su intención de “cambiar la patria“. Y, si eso implica perder la vida, Correa se declaró “presto” a ello.

El mandatario reiteró que durante su “secuestro” jamás claudicó y señaló que tras la crisis ha salido “más fortalecido“. Para Correa, se trató de un intento de conspiración coordinado “por bien conocidos allegados a los Gutiérrez“, en referencia al mencionado ex mandatario, que por su parte descartó que tuviese algo que ver con la situación y responsabilizó al propio jefe de Estado por la crisis.

‘Profundas cicatrices’

Esperaban crear un baño de sangre, que se veje al presidente, que se lo secuestre, se lo trate de rescatar y se cubra de sangre el suelo ecuatoriano para tratar de desestabilizar al Gobierno y de esa forma ganar lo que no pueden ganar en las urnas“, explicó Correa. Además de la muerte de dos agentes, también otra persona perdió la vida en los disturbios en Guayaquil.

El presidente ecuatoriano dijo que la situación ha dejado “profundas cicatrices” que tardarán en sanar: “Parte de estos policías (amotinados) antes dependían de potencias extranjeras, recibían sueldos extras. Todo eso se ha cortado y todo eso puede que cree resentimientos, pero no daremos ni un paso atrás“.

Durante su intervención, Correa conectó vía telefónica con su vicepresidente, Lenín Moreno, quien se encontraba en Guayaquil y quien le dijo que se sentía “orgulloso” de él y le reiteró su lealtad. El jefe de Estado agradeció a los colegas presidentes que le expresaron su solidaridad y saludó a la reunión de Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR): “Aquí no vamos a permitir que ocurra lo que ocurrió en Honduras“, apuntó en alusión al golpe de Estado en el país centroamericano que apartó a Manuel Zelaya del poder.

Fuente: El Mundo

El “mundo único”: La falsa guerra de la “izquierda” contra la “derecha”

Cambian los escenarios, cambian los contenidos ideológicos, cambian los objetivos estratégicos, cambian las metodologías de lucha, pero la dinámica de los procesos y los actores son los mismos. La “izquierda” y la “derecha” ya no  están en guerra permanente  por la resolución de un orden internacional  de bloques enfrentados como “sistemas” diferenciados (como en la guerra fría URSS-bloque occidental), sino que disputan por el control de los gobiernos del sistema capitalista vigente como “mundo único“.

En términos doctrinarios y estratégicos, la “nueva izquierda” ya no lucha contra la “derecha” para sustituir al Estado capitalista, sino que lucha  para “socializar” el sistema capitalista desde adentro sin tocar sus estructuras históricas de dominio y de poder.

Por Manuel Freytas (*)

1) La vieja guerra

Ya no se trata de una guerra excluyente por la eliminación del contrario (izquierda comunista vs. derecha capitalista), sino de una competencia política para imponer proyectos alternativos dentro del mismo sistema.

Ni la izquierda es “revolucionaria” ni la derecha es “contrarrevolucionaria“: Ambas son la expresión del mismo sistema capitalista sólo diferenciadas por el discurso.

Ya no se utiliza la calificación de “izquierda” entendida en los parámetros de la Guerra Fría entre el sistema capitalista y el sistema comunista,  sino en los términos de “reformar” el sistema controlado por la “derecha“.

De la misma manera se utilizan y califican las posiciones de izquierda (como expresión de progresismo y democracia“) contra la derecha (como expresión de retrógrado y fascista“), en los términos de la inserción de ambas como alternativas dentro del mismo sistema.

En el marco internacional, se trata de un reposicionamiento de la “Guerra Fría“, no ya entre dos sistemas opuestos (el capitalista y el comunista) sino entre potencias capitalistas que se disputan la hegemonía del poder mundial.

La antigua “Guerra Fría” de la URSS con EEUU (y el bloque aliado de naciones capitalistas) era principalmente por áreas de influencia militar y política: el sistema comunista vs. el sistema capitalista occidental.

Se trataba  de una “guerra entre sistemas, económicos, políticos y militares, diferenciados que se disputaban el planeta dividido en áreas de influencia.

Como consecuencia irradiadora, en el mundo y en los cinco continentes confrontaban “dos sistemas“:  la “revolución socialista” por vías del poder armado, o del poder político (exportada por la URSS), y la “civilización capitalista de libre mercado”(exportada por EEUU y sus aliados).

El marco operativo y estratégico se definía por el objetivo buscado: La izquierda quería eliminar de raíz al sistema capitalista (o sea a la “derecha“) de la propiedad privada y sustituirlo por otro sistema de reparto social igualitario y sin explotación del hombre por el hombre. Y la “derecha” quería lo contrario: destruir a la izquierda para preservar al sistema capitalista.

Esta guerra de “sistemas“, de la “derecha“, -el sistema-  contra la “izquierda“, -el antisistema- donde se enfrentaban los que querían el “hombre nuevo” de la revolución y los que defendían el statu quo del “hombre viejo” del sistema capitalista, experimentó un cambio cualitativo,  un salto transformacional histórico, cuando el capitalismo terminó con el sistema socialista de la URSS en la década del 90.

Con la derrota y desaparición de la URSS (punto de referencia geopolítico y logístico de la “revolución socialista” y de sus movimientos armados) desaparece el sistema comunista, y el sistema capitalista occidental de “libre mercado” ingresa al nuevo “orden mundial” convertido en sistema hegemónico unipolar liderado por EEUU como potencia locomotora.

2) La nueva guerra

Colapsado el sistema socialista de la URSS y el esquema del orden mundial “bipolar“, el sistema capitalista se licuó en un orden internacional “unipolar” con EEUU como potencia regente. En el vértice del triángulo, terminó la “guerra entre sistemas, y comenzó la era de la “guerra intersistema” con las potencias mundiales compitiendo entre sí por áreas de influencia (geopolítica, militar y económica) y sin romper el ordenamiento internacional del sistema capitalista.

En este nuevo escenario, emergente del fin de la “guerra entre sistemas“, la guerra de la “izquierda” contra la “derecha” también experimentó un salto cualitativo y transformacional.

El teatro de confrontación supervivió, pero su marco cambió de contenido doctrinario y de objetivo estratégico. La “nueva izquierda” y la “nueva derecha” ya no combaten militarmente desde polos diferenciados y excluyentes (“sistema” y “antisistema“), sino que disputan una guerra político-ideológica conviviendo dentro de un mismo sistema.

En el nuevo marco de disputa, “izquierda” y “derecha” ya no son enemigos excluyentes (revolución vs. contrarrevolución), sino rivales políticos-ideológicos que conviven y compiten por el control del Estado capitalista.  El teatro de confrontación ya no es económico-político-militar, sino ideológico-político-electoral dentro de normas fijadas por la preservación del sistema dominante.

La polarización ideológica, ya no se define por una guerra por el exterminio de uno u de otro (“sistema” vs. “antisistema“) sino por una competencia establecida dentro del ordenamiento (y las reglas) de la “gobernabilidad“, la “estabilidad” y la “paz social” del sistema capitalista.

La “izquierda” y la “derecha” ya no pelean su guerra en escenarios clandestinos asimétricos de la lucha armada, o en marcos sociales de huelgas y conflictos violentos, sino que lo hacen por medio de movilizaciones pacificas o de procesos electorales enmarcados dentro de la “legalidad” del sistema

Por lo tanto, a la contradicción fundamental de la “guerra intersistemas” (comunismo vs. capitalismo) por áreas de influencia y dominio geopolítico-militar, le sucedió la “guerra intercapitalista” por áreas de influencia y de control de recursos productivos y de mercados, dentro de un mismo sistema.

Como emergente, los conflictos sociopolíticos ya no se desarrollan en el radio de influencia de “sistemas diferentes” (comunismo vs. capitalismo) sino como contradicciones económicas, políticas y sociales de un “sistema único”: el capitalismo de libre mercado nivelado como “única civilización” para todo el planeta.

En consecuencia, y tras la caída de la URSS y de los movimientos revolucionarios armados, el mundo gira (o lo hacen girar) hacia la derecha del Imperio, o hacia la izquierda del Imperio.

La nueva “izquierda democrática” post-Guerra Fría ha subvertido el significado histórico y funcional de la palabra “revolución“: Hacer la revolución ya no es cambiar el sistema capitalista, sino adaptar el discurso revolucionario al sistema capitalista.

Su ideología es reformista” (comprendida dentro del sistema capitalista) y no revolucionaria. No es anticapitalista, sino crítica al capitalismo de derecha al que quiere sustituir en el gerenciamiento de los Estados capitalistas. No lucha para derrocar al sistema capitalista, sino para derrotar a la “derecha” que administra el sistema capitalista.

La izquierda asimilada plantea una “guerra” no ya en los términos de la Guerra Fría, donde la izquierda se referenciada en la Unión Soviética y en Cuba y la derecha en EEUU y el bloque occidental, sino en los términos de la guerra entre un capitalismo “democrático” y un capitalismo “fascista” y militarista.

Asimilada dentro de la nueva estrategia de dominio democrático y del “Estado trasnacional” exportados por Washington, la “izquierda democrática“, sigue los parámetros de la lucha contra el “militarismo” y la “derecha” de la década del 70, sin los objetivos concretos de toma del poder que guiaban a la izquierda armada revolucionaria de entonces.

La nueva izquierda vive mentalmente en la “guerra fría“, en el escenario ideológico de los militares de la “doctrina de seguridad nacional“, mientras Washington (en un claro desfasaje histórico) ya no domina con los militares sino con elecciones, políticos y un orden blindado basado en el respeto al “orden constitucional“.

La izquierda (asimilada a la filosofía del “único mundo posible“) ya no piensa el mundo en función de la guerra a muerte para terminar con el sistema capitalista (el dueño del mundo), sino en función de terminar con la “derecha” dentro del marco del mismo sistema.

3) La integración de los opuestos

Vaciada de su contenido “antisistema“, hoy la izquierda sigue en guerra contra la “derecha“, no ya para destruir al Estado capitalista sino para gerenciarlo en su lugar. La “nueva izquierda” revirtió el marco ideológico-doctrinario: Ya no pelea estructuralmente contra la “derecha” para destruir al sistema capitalista, sino para “transformarlo” (reformarlo sin tocar la substancia esencial del sistema de la propiedad privada y de la dominación del hombre por el hombre).

En su tesis teórica liminar, la “nueva izquierda” (como expresa Chávez) plantea “socializar” el capitalismo sin guerra militar ni toma del poder, con la misma herramienta (el Estado) que utiliza el capitalismo para hacer lo contrario: Concentrar riqueza y propiedad privada en pocas manos y expulsar a las mayorías a la pobreza y a la exclusión social.

Esta teoría presupone que el sistema capitalista (cuya esencia histórica es la concentración de riqueza en pocas manos) podría de pronto reconvertirse en socialista” con los multimillonarios renunciando pasivamente a sus fortunas y las corporaciones y bancos trasnacionales repartiendo sus activos y estructuras empresariales entre los que menos tienen.

Y esto implicaría también que EEUU renunciaría a la hegemonía del dólar, clausuraría el templo financiero de Wall Street y convertiría a sus arsenales, sus bases militares y flotas nucleares en santuarios pacifistas entregándoles el poder a los que  quieren transformar el capitalismo en socialismo sin disparar un solo tiro.

En términos doctrinarios y estratégicos, la “nueva izquierda” (en su expresión gubernamental) ya no lucha contra la “derecha” para sustituir al Estado capitalista, sino que lucha contra la “derecha” para socializar” el sistema capitalista desde adentro sin tocar sus estructuras históricas de dominio y de poder.

En otras palabras, competir con la “derecha” por el gerenciamiento político sin destruir el “ordenamiento económico” (sistema económico-productivo controlado por el capital privado), el “ordenamiento político” (Estado capitalista controlado por los grupos y las corporaciones capitalistas) , y el “ordenamiento social” (valores basados en el individualismo y la sociedad de consumo).

Por lo tanto, la nueva izquierda y sus teóricos carecen de una visión  totalizada y actualizada de la estrategia de dominio (y del control de la “gobernabilidad“) que utiliza el Imperio capitalista para concretar sus objetivos de conquista de mercados y de apoderamiento de recursos vitales a escala global.

En un momento en que el sistema capitalista (exceptuando unos pocos países donde aplica la ocupación militar) controla el mundo con el sistema democrático” (el control político), con la sociedad de consumo (la ideología y los valores consumistas impuestos como máxima creencia social), y con los medios de comunicación (los nuevos represores y controladores sociales sin uso de las armas), la izquierda asimilada al sistema sigue identificando al “viejo orden” (los militares y la “derecha militarista” de la Guerra Fría) como el principal enemigo estratégico a derrotar.

En resumen, la izquierda “antimilitarista” rechaza los movimientos“fascistas” como el golpe militar-institucional de Honduras (expresión modificada y actualizada de los golpes setentistas), pero acepta y apoya golpes “democrático-institucionales“, como el ejecutado en Ecuador contra Lucio Gutiérrez que finalmente culminó en el gobierno “izquierdista” de Rafael  Correa.

En lo substancial (y aunque se proponga “anticapitalista” en el discurso), la izquierda asimilada identifica como enemigo al imperialismo “político-militar” de la Guerra Fría, en un escenario en que el sistema capitalista ha girado hacia el dominio politico-democrático“.

Las nuevas estrategias de control con el “poder blando” ya no están  dirigidas a la supresión o al control físico de sus enemigos, sino que utiliza técnicas psicológicas orientadas a controlar  los cerebros mediante la manipulación con el “pacifismo” y la “democracia” como factores integradores al sistema.

En consecuencia, los descendientes de la izquierda setentista “democratizada“, ya no pelean contra la depredación del sistema capitalista, no pelean contra las columnas vertebrales de la nueva dominación (políticos, medios de comunicación y sociedad de consumo) sino que pelean contra los que infringen o ponen en peligro el sistema de gobernabilidad democrático.

Como resultante, izquierda y derecha son complementarias (dentro de las estrategias de control del sistema capitalista)  y se articulan como una alternativa” dentro de lo mismo.

Por lo tanto, la única diferencia existente entre un “gobierno de izquierda”  y otro de “derecha“, es el discurso cargado de “ideología” (desfasada de la realidad) y sin aplicación práctica en el presente.

4) La alternativa dentro de los mismo

Al abandonar sus postulados setentistas de “toma del poder” y adoptar los esquemas de la democracia burguesa y el parlamentarismo como única opción para acceder a posiciones de gobierno, la “nueva izquierda” se convirtió en una opción válida para gerenciar el “Estado trasnacional” del capitalismo en cualquier país de América Latina y del mundo.

Precisamente, ese “orden” establecido estaba  amenazado por  la “izquierda antisistema” militarizada de la “guerra fría“, y la respuesta a su accionar eran  los golpes militares de la “derecha” apoyados por EEUU.

En este nuevo marco de enfrentamiento (fijado por la guerra político-electoral), la “nueva izquierda” (a diferencia de la izquierda de la “guerra fría“) ya no lucha contra el Imperio capitalista como totalidad estratégica y funcional, sino que lucha para convertirse en alternativa a la “derecha” de ese mismo sistema.

En resumen, el sistema capitalista unipolar (con EEUU como potencia regente) no solamente terminó con el conflicto “entre sistemas” a nivel internacional, sino que también terminó con la “izquierda antisistema” integrándola como alternativa de gobierno a sus estructuras de dominación planetaria.

Y ya hay laboratorios experimentales de procesos sociales y políticos con experiencia de gestión de la “nueva izquierda” al frente del Estado capitalista.

Dentro de este nuevo esquema de polarización “izquierda” vs. “derecha“, la guerra ya no se define por la “destrucción mutua” asegurada, sino por la búsqueda de una posición dominante dentro del mismo orden económico, político, militar y social  establecido.

Terminada la guerra político-electoral, la “izquierda“, tanto como la “derecha“, defienden los mismos valores institucionales del sistema capitalista: “orden  democrático”“estado de derecho”“paz social”, como sustentos básicos de la preservación del Estado y de la sociedad capitalista de la propiedad privada.

La asociación beneficiosa entre la “izquierda civilizada” y el establishment del poder capitalista es obvia: El sistema (por medio de la izquierda) crea una “alternativa de gobernabilidad” a la “derecha neoliberal“, y la izquierda (y los izquierdistas) pueden acceder al control administrativo del Estado burgués sin haber hecho ninguna revolución.

Y nació el distintivo axiomático que guía a los gobiernos “progresistas” en la región: hacer discursos con la izquierda y gobernar (con y) para los intereses de la derecha.

Cualquier “tercera posición” frente a esta alternativa dualista es descalificada inmediatamente como “conspirativa infantilista”: Fuera del espacio de la “izquierda” o de la “derecha” (la antitesis oficial aceptada)  sólo existe la crítica “sin propuestas y sin trinchera“, como califican los teóricos “progresistas” a la posición de los que definen a la izquierda y a la derecha como alternativas de lo mismo dentro del sistema capitalista.

En resumen, los que no toman partido por la “izquierda” o por la “derecha” (aunque combatan y denuncien al sistema capitalista) son “conspirativos” y están (como los marginales y expulsados del sistema capitalista) excluidos del mercado de las ideas y creencias aceptadas.

¿Es malo ser de “izquierda” y proponer un capitalismo asistencialista de rostro más “humanizado“?.

Para nada: Lo malo es pertenecer a la izquierda asimilada al capitalismo (el “progresismo” democrático capitalista), y simular una pertenencia a la  izquierda anticapitalista revolucionaria (enemiga excluyente del sistema capitalista).

Lo alienante (y más allá de las posibilidades de existencia que hoy tendría) es hablar de una “revolución de izquierda“, cuando claramente la izquierda (salvo excepciones minoritarias) se ha convertido en la más férrea defensora de la “democracia”, la “paz”y  el “orden constitucional”,  los pilares esenciales de la “gobernabilidad” del sistema capitalista.

Lo alienante (y engañoso), es hablar con el discurso de izquierda, y ejecutar a rajatabla los programas operativos (económicos, políticos, militares y sociales) del Imperio capitalista como hace la “izquierda gubernamental” en América Latina y en el resto del mundo.

5) El “enemigo de paja”

¿Y para qué le sirve a Washington esta izquierda asimilada en América Latina?

Reorientemos la pregunta: ¿Porqué el Imperio capitalista estadounidense (no obstante la inserción probada de la izquierda dentro del “sistema“) sigue considerando a la izquierda como el “enemigo número uno” de su sistema de dominio en América Latina?.

Hay un precepto estratégico (de naturaleza maquiavélica) que sostiene que para evitar que surja un enemigo real que ponga en peligro el sistema de poder vigente, es preciso inventar un “enemigo de paja“, controlable e inofensivo, al que se presentará como si fuese el enemigo real, o la “principal amenaza al sistema.

En el actual sistema de poder capitalista imperialista controlado por Washington, la estrategia con el enemigo de paja” tiene como objetivo principal el de “desactivar” los conflictos sociales y las luchas populares (naturalmente violentos y “antisistema“) y encauzarlos por caminos “pacíficos” y meramente “reclamativos“, a través de su inserción en el “sistema democrático” controlado por Washington y el establishment económico en la región.

Ese es el rol concreto que cumplen los gobiernos “revolucionarios” integrados al capitalismo, cuya función principal es la de ajustar a las reglas “democráticas” los conflictos sociales que, de otra manera, romperían el orden vigente y pondrían en peligro los negocios (hoy en “paz“) de las transnacionales y bancos capitalistas en América Latina.

Con el axioma de la izquierda “políticamente correcta” el Imperio alienta  un enemigo falso, inofensivo y controlable, para que opaque y reste protagonismo al enemigo real que puede presentarse en cualquier momento.

Lavar a la izquierda de su cara anticapitalista y revolucionaria, desviar las luchas y conflictos sociales por caminos pacíficos y “reclamativos“, integrar los reclamos del dominado al “sistema democrático“, y evitar que grupos de resistencia revolucionaria (el enemigo real) amenacen y pongan en peligro al sistema, es la misión esencial del “enemigo de paja del Imperio en América Latina.

Y ésa es la función principal que cumple la “izquierda democrática“, en guerra permanente contra la “derecha fascista“, dentro de los marcos legitimados de la gobernabilidad capitalista.

Fuente: IAR Noticias

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.