Gonzalo Anti New World Order


Agricultores orgánicos demandan a Monsanto

29 de Julio de 2011 – Cerca de 300.000 agricultores orgánicos están entablando una demanda en contra de la gigante corporación Monsanto, que en años recientes ha aplastado a granjas orgánicas de costa a costa.

Unas 270.000 granjas orgánicas presentaron una demanda el 30 de Marzo en un intento para mantener orgánica una porción del suministro mundial de alimentos. Los demandantes en el caso son miembros de cerca de 60 granjas familiares, negocios de semillas y organizaciones orgánicas agrícolas.

Dirigido por los cultivadores de semillas orgánicas y la Asociación de Comercio, la demanda arremete contra Monsanto para mantener su semilla de canola Genuity® Roundup Ready® fuera de sus granjas. Agricultores orgánicos afirman que el maíz, algodón, remolacha y otros cultivos suyos han sido contaminados por la semilla de Monsanto, y a pesar de que la contaminación ha sido muy natural y no deseada, Monsanto ha demandado a cientos de agricultores por infringir sus patentes por “casualmente” utilizar su producto.

No solo los agricultores orgánicos están tratando de mantener las cosas -orgánicas- pero ahora muchos de ellos están siendo forzados a tirar la toalla mientras Monsanto desafortunadamente continúa una exitosa guerra sobre la competencia demandando a productores independientes que dirigen granjas orgánicas. En años recientes, Monsanto ha adquirido más de 20 de los grandes productores y vendedores de semillas en el país, y The Street informa que ellos han adoptado una política mientras que sus clientes se ven obligados a usar sus semillas de bioingeniería -y comprarlas cada año –  porque no quieren ser incluidos en listas negras para siempre.

La Comisión de Bolsa y Valores lanzó una investigación a los “programas de incentivos a los clientes” deMonsanto el año pasado, y el Departamento de Justicia ha estado investigando la posible violación en relación con las listas negras de clientes desde 2009.

Mientras Monsanto compra a competidores y demanda a otros, las ganancias del año pasado aumentaron un 77%, unos 680 millones de dólares.

La Juez Federal estadounidense Naomi Buchwald estará supervisando el caso de la Asociación de Comercio y Productores Orgánicos de Semillas, y colaboradores de Monsanto en una corte de Manhattan.

Dan Ravicher, director ejecutivo de la Fundación Pública de Patentes (PUBPAT por sus siglas en inglés), afirmó en un comunicado que el caso se reduce a “si Monsanto tiene el derecho de demandar a los agricultores orgánicos por violación de patentes si la semilla transgénica o pollen de Monsanto deberían caer en sus propiedades“.

Parece bastante perverso que un agricultor orgánico contaminado por semillas transgénicas podría ser acusado de violación de patentes, pero Monsanto ha hecho tales acusaciones anteriormente y es notorio por haber demandado a centenares de agricultores por violación de patente, por lo que tuvimos que actuar para proteger los intereses de nuestros clientes“.

PUBPAT ha presentado una demanda en nombre de los 270.000 demandantes. La fundación funciona como una organización de servicio legal sin fines de lucro que está afiliada a la Escuela de Derecho Benjamín N. Cardozo.

(*) Para el Correo del Orinoco

Fuente: Aporrea.org

Artículos relacionados:

México. Celebrando la dependencia: el maíz a las trasnacionales

Como si fuera un hecho banal, el gobierno aceptó tres solicitudes de la trasnacional Monsanto para plantar 30.000 hectáreas de maíz transgénico en Sinaloa, en lo que llama fase piloto.

Por Silvia Ribeiro (*) – La Jornada

Es grave, tanto por la amplitud del área, como porque pone de manifiesto que lo que el gobierno llama etapa experimental es nada más una fachada para abrir la siembra comercial de maíz transgénico a gran escala, con la inevitable contaminación transgénica de los demás maíces en el país.

Los transgénicos tienen problemas desde todos los ángulos que se les mire: pese a las mentiras que difunden las trasnacionales (las únicas que ganan), las estadísticas muestran que tomados en varios años, grandes volúmenes y superficies, en promedio rinden menos y usan mucho más agrotóxicos. Existen compilaciones importantes de asociaciones médicas y otros científicos que muestran que los transgénicos tienen impactos en la salud humana y animal (incluyendo alergias, infertilidad, desregulación inmune, afectación de hígado, bazo y páncreas, entre otras) y en la biodiversidad. Recientemente, un estudio de la Universidad de Arkansas mostró que los transgénicos, además de la contaminación omnipresente en zonas cultivadas, se reprodujeron en la naturaleza y están invandiendo áreas naturales con impactos sobre insectos y plantas. Otro estudio de la organización Testbiotech de Alemania, muestra que la leche, órganos y carne de cabras, peces y cerdos que comen maíz transgénico contienen trazas de ADN transgénico.

Lo mencionado es apenas una pequeña parte de los graves problemas que tienen los cultivos transgénicos en general. En México los riesgos se multiplican exponencialmente al ser el centro de origen del maíz, por lo que desde muchas ópticas científicas y sociales hay una amplísima convergencia en que no se debería ni siquiera experimentar con maíz transgénico. Además México ya produce suficiente maíz, la mayoría campesino, para alimentar a toda su población.

A contrapelo de todo esto, entre 2009 y 2010, el gobierno mexicano aceptó más de 70 solicitudes de siembra de maíz transgénico a favor de las trasnacionales Monsanto, Dow, DuPont (a través de su subsidiaria Pioneer HiBred, PHI México) y Syngenta. Según los datos publicados por el gobierno, en 2009 autorizó 33 siembras experimentales en un total de 14,43 hectáreas. En el 2010 aceptó 41 solicitudes más, saltando a áreas mucho mayores, entre las que figuran tres de Monsanto para siembra piloto en Sinaloa con 30.000 hectáreas. En el mismo documento figuran otras 90.000 hectáreas en Tamaulipas, a las que llama experimentales.

Casi el 90 por ciento de los eventos (tipos de maíz transgénico) solicitados, son controlados por Monsanto, ya que incluso las solicitudes de Syngenta, DuPont y Dow, incluyen genes patentados por Monsanto, solos o en combinación con otros. El más solicitado es el evento Mon603 (equivalente a NK603), resistente al herbicida glifosato (que tiene nombres comerciales como Faena, Rival, Roundup). Entre las solicitudes, se incluye también el evento Mon810.

Justamente, un estudio científico publicado por el Ministerio de Salud de Austria en el 2008, analizó los efectos de un maíz transgénico con ambos caracteres (NK603xMon810) y llegó a la conclusión de que el consumo de ese maíz redujo la fertilidad en ratas de laboratorio alimentadas con éste, además de otros efectos. Éste y otros estudioa, entre ellos sobre los impactos ambientales de maíz insecticida, motivaron que varios países europeos, entre ellos Austria, Alemania, Francia y Grecia, prohibieran el cultivo de maíz transgénico en sus países.

Pero en el propio centro de origen del maíz, el gobierno apoya a las trasnacionales en la siembra experimental de varios maíces transgénicos insecticidas y de resistencia a agrotóxicos. Incluso una de las solicitudes de siembra piloto de 10.000 hectáreas, contiene el gen 603.

Las supuestas medidas de bioseguridad planteadas por las empresas y el gobierno mexicano son totalmente insuficientes para el riesgo que significa el maíz transgénico en México. Fueron analizadas y criticadas con detalle en la consulta pública que el gobierno colocó en Internet sobre algunas de las solicitudes. Desde muchas disciplinas científicas y organizaciones civiles se plantearon multiplicidad de observaciones críticas de gran solidez que el gobierno desechó sin explicaciones.

Su argumento es que las medidas eran suficientes para experimentar. Aun si esas medidas fueran suficientes para impedir el escape transgénico en campos experimentales, en siembra comercial los agricultores no las cumplirán: les aumentaría los costos, son engorrosas y además, no hay fiscalización.

Pero es claro que al gobierno nunca le interesó la bioseguridad, solamente era una fachada requerida por convenios internacionales que tuvo que hacer ley, un requisito formal para pasar luego a la llamada fase piloto y a la liberación comercial.

Por eso aceptó nuevas solicitudes sin tener los resultados anteriores, y ahora solicitudes de siembras piloto de decenas de miles de hectáreas, cuando ni siquiera da a conocer los resultados de los supuestos experimentos. Además, nuevamente está violando la ley, ya que la ley de bioseguridad requiere que antes de siembras piloto, se deben tener los resultados de la fase experimental, evaluados por las propias empresas interesadas, (por algo se la conoce como Ley Monsanto) pero reportados con características de una norma oficial mexicana, que no existe. Usan la ilegalidad, la farsa, la imposición. Razones no espurias, no tienen ninguna.

Fuente: IAR Noticias

(*) La autora es investigadora del Grupo ETC.