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El ‘tatuaje electrónico’, una nueva herramienta para el control de los soldados

Los dispositivos electrónicos diminutos, que se implantan en la piel humana y se utilizan para el intercambio de datos con la ayuda de las tecnologías de la comunicación inalámbrica, pronto serán una realidad. En los últimos meses varios desarrolladores mostraron sus alcances en el ámbito de los ‘tatuajes electrónicos’. Sin embargo, todavía no se había logrado establecer una comunicación a larga distancia, que permitiría un uso práctico de estos sistemas.

Un grupo científico integrado por investigadores de las Universidades de Kent y Manchester, con la participación del Laboratorio de Ciencia y Tecnología de Defensa (DSTL) y el Hospital Great Ormond Street, Reino Unido, realizan experimentos exitosos en este novedoso ámbito.

El uso del ‘tatuaje electrónico‘ en la esfera militar consistiría en la recepción y el análisis de los datos biométricos, lo que ayudará a saber la situación y el estado físico del soldado que lo lleva. Los investigadores opinan que los dispositivos más avanzados facilitarían el control de los soldados y la transmisión de las órdenes directamente al cerebro.

Al mismo tiempo, dicha tecnología podría emplearse en la medicina. Por ejemplo, uno de los primeros equipos de este tipo serviría para registrar las señales de la actividad cerebral de los niños que padecen enfermedades mentales y neurológicas. Los dispositivos electrónicos incorporados en la piel también pueden ser utilizados como etiquetas de identificación por radiofrecuencia, lo que tendría un uso muy amplio.

Según explican los desarrolladores, citados por la revista ‘The Engineer‘, los equipos implantados en la piel tienen que ser producidos con materiales biológicamente neutrales, para evitar daños en el organismo. También tienen que ser elásticos, con unas propiedades semejantes a las de la propia piel y lo suficientemente cómodos como para llevarlos durante un largo periodo de tiempo.

Fuente: Russia Today

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Sistema RFID: el Gran Hermano de bolsillo

¿Se imagina que alguien supiera lo que lee, lo que come, e incluso las medicinas que compra? ¿Qué le parecería que su centro comercial guardara información sobre la talla de ropa interior de su pareja? Este escenario ha dejado de ser ciencia-ficción gracias al sistema RFID, incorporado en cualquier tipo de producto que un ciudadano puede comprar.

RFID (Radio Frequency Identification, o identificación por radiofrecuencia en español) usa dispositivos denominados etiquetas o tarjetas, similares a pegatinas. Funcionan de una manera muy simple: emiten información por una microemisora de radio que, a su vez, la envía a una base de datos donde queda almacenada. Esta información puede ser usada por los comerciantes para analizar los hábitos de consumo o por otros interesados en sacar los datos personales de la gente.

La tecnología ha recibido tanto elogios como críticas. Los creadores del sistema afirman que las ventajas del RFID son mayores que la inseguridad y los inconvenientes. Sin embargo, los abogados apuntan a que dichas ‘ventajasviolan un derecho fundamental de cada ciudadano: el derecho a la intimidad.

Estos chips no sólo se están implantando en el sector privado. Muchos gobiernos están haciendo uso de estas tecnologías con el objetivo de controlar sus fronteras y agilizar la identificación de los ciudadanos que entran y salen de su territorio. La Administración alemana, por ejemplo, ya se mostró interesada en poner RFID en los documentos de identidad y pasaportes.

Por su parte, el Gobierno español, a través de la Agencia Española de Protección de Datos, está analizando medidas de seguridad para proteger al ciudadano del uso incorrecto de los sistemas RFID. El director de la entidad, Artemi Rallo Lombarte, dice que “es evidente que el uso de estas etiquetas” puede “afectar a la privacidad de las personas“.

Mientras que los creadores de RFID aseguran que no hay que tenerle miedo, los expertos reiteran que no existe ninguna garantía de que toda la información guardada en el chip no termine en manos de un ladrón, ya que es una tecnología que teóricamente puede estar al alcance de cualquiera.

Para muchos los avances tecnológicos hacen nuestra vida más cómoda y segura. Otros piensan que estas tecnologías tienen la capacidad de transformar nuestra sociedad  en una pesadilla orwelliana. Mientras sigue la discusión, hay otra ventana que se abre: ¿será el ciudadano quien vote la implantación de este sistema, o por el contrario será una imposición de las administraciones y la sociedad de consumo? El tiempo dictará sentencia.

Fuente: Russia Today