Gonzalo Anti New World Order


Documental “La Guerra Suave: golpeando y seduciendo”, subtitulado en español

El documental es un análisis del uso del cine y el espectáculo con objetivos propagandísticos y políticos. Se muestra como el cine, la televisión, los videojuegos e incluso las estrellas del rock son utilizados en la lucha política. Pero sobretodo se destaca como a través de la industria cultural se generan valores y antivalores. La clave para que la propaganda sea efectiva es que no se perciba, que nos seduzca. Nuestras series y películas favoritas y nuestros mitos musicales trabajan en esa guerra. Una guerra luminosa, sonriente y llena de ritmo. La guerra suave es la lucha por las mentes y los corazones de los iraníes. Y también de los nuestros.

La guerra suave es un documental que complementa “La Revuelta Verde”, descifrando el laberinto iraní el cual trata sobre la manipulación de la política, los medios, las nuevas tecnologías y el terrorismo contra Irán. La investigación para la realización de ambos trabajos se realizó durante seis meses entre el 2009 y el 2010. 

Fuente: 1984

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Top 10 métodos modernos de control mental de las masas

Publicación: 20/01/2011 
Autor: pijamasurf

La religión New Age, armas psicotrónicas, programación predictiva, futbol, frecuencias electromagnéticas, la Matrix, estelas químicas… son algunos de los métodos con los que la civilización moderna es hipnotizada por los brujos invisibles en la cima de la pirámide tecnotrónica.

¿Somos parte de un lavado de cerebro masivo que nos lleva a ser una civilización de autómatas consumistas, algo muy conveniente para las grandes empresas y conglomerados que crean productos innecesarios y controlan  y explotan los recursos del planeta? ¿O esto es solamente la naturaleza de ser, por definición, seres culturales, inmersos en un contexto tecnocapitalista, influidos por nuestro alrededor, seres tanto miméticos como meméticos en un mar de información sin que nadie manipule las olas?

Es difícil responder tajantemente, como sucede en estos casos lo más probable es que sí existan algunos grupos que buscan controlar la mente de las masas para enriquecerse o algún otro fin más oscuro (¿estilo Matrix donde los humanos son cultivados como alimento informático?), pero que no haya un plan único y todo-abarcante que controle nuestro destino individual ni colectivo -es probable que estemos también moviéndonos entre el caos y lo insondable –un amo que no tiene manos ni mente, que sólo es-. De cualquier forma es divertido como ejercicio para fomentar la imaginación o como herramienta de conciencia –sin rayar en la conspiranoia demasiado-  revisar algunas de las formas en las que tal vez estemos siendo programados inevitablemente por la colectividad de nuestra cultura y/o por un despreciable grupo de banqueros vampíricos que busca robarte la voluntad y la inteligencia para que seas un esclavo bien portado.

1. Educación

Aunque esta es la forma más obvia de control mental, es también probablemente la más insidiosa. Todos sabemos que lo que aprendemos en nuestra infancia y juventud tiende a grabarse en nuestra psique y en cierto modo determina nuestro futuro. En este sentido la agenda podría ser pegar primero es pegar dos veces, creando un programa madre de lo que es la realidad y que no es admisible, limitando el espectro por el cual podremos navegar el resto de nuestras vidas.

Si bien cada país edita aquello que considera que los niños deben de aprender y en este sentido edita la historia política y del conocimiento humano, una de las constantes de los sistemas educativos en el mundo es que están basados en un método que favorece el almacenamiento de información  y no la reflexión; a los alumnos se les enseña que las cosas son de una sola forma y que cuestionar lo que se les dice merece ser castigado, de esta forma adormeciendo la verdadera curiosidad y el pensamiento individual (algo que resulta bastante práctico cuando quieres evitar que cuestionen la autoridad o que se den cuenta que la construcción del paradigma que rige la sociedad es un castillo de naipes que no se afianza en una poderosa estructura de verdades comprobables y constantes, las cuales justifican, en su nombre, la represión a la que los niños son objeto). El ejemplo en la cultura popular de The Wall sigue siendo una buena ilustración de la generación de mentes uniformadas a través del sistema educativo, reclutas capaces de recibir ordenes y automatizarlas. Hasta cietrto punto soldados que defienden sin saberlo el sistema dominante.

Ver también el libro Deliberate Dumbing Down, sobre el sistema educativo de Estados Unidos.

2. La publicidad y la propaganda

Estas son justamente las armas que tiene el sistema dominante –capitalista, consumista y muchas veces fascista- de perpetuarse reforzándose en la mente de los habitantes del planeta de una forma inconsciente. El padre del marketing, Edward Bernays, escribió en su libro Propaganda que “la propaganda es el brazo ejecutivo del gobierno invisible”. Mientras que los marketingeros y publicistas no aceptarían fácilmente que trabajan en la industria de la propaganda -seguramente nos disparararían un término supercool más adecuado para su autopersuasión- la realidad es que esto es lo que son. Son los promoters, consciente o inconscientemente, de un sistema que para sobrevivir  -para que “la economía siga creciendo”, para que el mundo siga “progresando”- necesita explotar al planeta Tierra y a miles de millones de personas.

El gurú Ed Bernays llama a la propaganda, ese sinónimo de publicidad satanizado por los Nazis, “la ingeniería del consentimiento” y nos dice: “Si entendemos el mecanismo y los motivos de la mente grupal, entonces ¿no es posible controlar y regimentar a las masas, según nuestra propia voluntado sin que ellos lo sepan? La reciente práctica de la propaganda ha probado que es posible”. Bernays, sobrino de Freud, combina la teoría del inconsciente de su ilustre tío con el condicionamiento de Pavlov, ligando los deseos al inconsciente para condicionar respuestas.

Otra de las formas en las que opera la propaganda es sin duda através de los medios de comunicación, particularmente a través del entretenimineto y del periodismo. Uno de los intelectuales más respetados de Estados Unidos fue Walter LippmanLippman creía que la sociedad debía de ser gobernada por “una clase especializada cuyos intereses iban más allá de la localidad”, (algo similiar a lo que hoy en día  son los expertos en los programas de TV, los “pundits”). Lippman veía al periodismo como un “trabajo de inteligencia” (no se refiere a que los periodistas deban de ser inteligentes, sino que es parte del aparato estatal de inteligencia), que debe darse en cercanía con los hacedores de la política pública.

Unas palabras cálidas de Bill Hicks para los publicistas:

3. La programación predictiva

Esta es una de las más interesantes y controversiales formas de control mental, en la que las películas y los programas de TV operan como brujería electrónica o autoprofecías. Según esta teoría los medios son usados para condicionar a las masas sobre cambios sociales planeados por nuestros líderes, para que cuando estos cambios se implementen sean recibidos como “una progresión natural” dentro del zurcido invisible del espacio mediático en el que estamos inmersos y de esta forma  se disminuya la oposición a estos cambios. La idea es que de esta forma se propaga una infalible ilusión de que así será el mundo y así nosotros lo creamos, más allá de que esto fuera a suceder o no. La incepción de una idea cultural dominante. Un programa de TV hoy en día puede ser la sustancia de una profecía.

Entre la programación predictiva se citan ejemplos de cómo el transhumanismo –la fusión entre las máquinas y los hombres- está siendo preprogramada en los medios con películas de ciencia ficción como Terminator y en la música con la conspicua estética transhumanista de artistas como Beyonce y los Black Eye Peas que hacen a los robots sexies.

Otra de las supuestas  agendas de programación predictiva es la que tiene que ver con la preparación del terreno para la existencia de los extraterrestres o el anuncio de que ya están aquí. Este anuncio podría ser una fabricación para crear una nueva religion, pánico, idolatría u otro tipo de estados mentales favorables para el control mental, según sugieren algunas personas como el fallecido William Cooper. Estaríamos viendo un arsenal de películas de extraterrestres para que posiblemente cuando se decida orquestar “un evento extratererstre” lo aceptemos como algo natural.

Hollywood es la varita mágica (“holly” es un árbol, y “holy” sagrado) que ha sido usada para hechizar al público sin su sospecha. Cosas o ideas que de otra forma serían consideradas bizarras, vulgares, indeseables o imposibles son implantadas en estas películas en regiones de fantasía. Cuando el espectador ve estas películas su mente está abierta a la sugestión y el proceso de condicionamiento empieza. Estas mismas películas, que son diseñadas para programar a la persona promedio, pueden darle al espectador atento un mejor entendimiento de los pormenores de la agenda mundial”, dice Alan Watt.

4. Deportes, Política, Religión

Esta clasificación un poco arbitraria obedece a agrupar  estos aspectos de la cultura humana bajo la identidad de ser eventos masivos de distracción que pueden llamarse indistintamente, usando la definción de Marx, “el opio del pueblo”.  Hoy en día el futbol, “el panbol”, como se le conoce en México, y otros deportes en un ámbito más segmentado pero igualmente enajenantes, cumplen la función de mantener a las masas en un estupor similar al producido por el opio, un estado de indolencia y sustracción del presente conectados a un televisor, en una bizarra comunión con dioses cuya religión es consumir la ostia de que siga girando el capital,  y haciendo que las personas se identifiquen con equipos como si fueran Iglesias y otorgen su poder personal a estas entidades (¿las celebridades son nuestros chamanes?). Es decir, muchos de estos deportes hacen que alguien juegue por nosotros, que alguien más se enfrente al misterio del juego cósmico, mientras nosotros lo alimentamos, bebiendo cervezas y soñando con estar ahí en su lugar –substituidos por un simulacro. ¿No te has dado cuenta que vives en la realidad virtual?

La política de forma similar también polariza a la sociedad en falsas discusiones. ¿Votarás demócrata o republicano? Cuando en realidad los partidos, los colores supuestamente rivales, no modifican la estructura  fundamental de la sociedad -o si no preguntenle a Wall Street-, pero lo que sí hacen es crear la ilusión de que se está modificando y de que los ciudadanos somos los que la modificamos, con nuestro poder democrático.  De nuevo esto es un simulacro. Borges decía que la religión es la superstición de nuestro tiempo. Celine, con pasión, lo dice más claro aún:

“¡Que no vengan a alabarnos el mérito de Egipto y de los tiranos tártaros! Estos aficionados antiguos no eran sino unos maletas petulantes en el supremo arte de hacer rendir al animal vertical su mayor esfuerzo en el currelo. No sabían, aquellos primitivos, llamar “señor” al esclavo, ni hacerle votar de vez en cuando, ni pagarle el jornal, ni, sobre todo, llevarlo a la guerra para liberarlo de sus pasiones”.

No es necesario decir que la religión históricamente ha sido usada para controlar la mente de las personas, hasta el punto de que sus fantasmas se volvieran reales y persiguieran a las personas en un infierno psíquico. Pero actualmente estamos viendo el nacimiento de nuevas religiones de control mental como la Cienciología, donde los creyentes entregan su vida  y todo su dinero a una institución creada por un escritor de ciencia ficción que diseñó una religión basada en un dios extraterrestre que solo entrega su sabiduría a los que han podido pagar los altos costos financieros de escalar la pirámide (y que usa a las marionetas sagradas de Hollywood para promover su mensaje de exitismo galáctico). También, la gran cantidad de sectas cristianas que se se propagan por Latinoamérica, muchas de las cuales utilizan la televisión como su templo. Y quizás el caso más intersante es el del new-age, una operación ligada a programas secretos de la CIA, como el programa Stargate y que ha difundido básicamente la idea de que los dioses son extraterrestres. Más allá de que esto sea cierto o no, o que existan iniciados que conozcan la relumbrante realidad de nuestro origen estelar, lo innegable es que el new age es uno de los terrenos más fértiles en la historia para hacer negocio con la religión. Cualquiera puede decir que canaliza a una entidad de Ofiuco o del sistema estelar de las Pléyades; en una época donde la información se ha exponenciado, cualquiera puede escribir un libro en la voz de un maestro ascendido de Orión o de Shambhala: la información está ahí, los textos sagrados y herméticos están al alcance del vulgo y pueden ser remixeados. La confusión es sumamente fácil. El ser humano como hemos visto es una especie de tabula rasa, o biocomputadora que reproduce los programas que se le insertan. Seguramente en este momento estás creyendo que esto que lees aquí es la verdad.

Una de las formas en las que se ejerce el control mental de la religión es a través de otorgar el poder personal, el destino individual, la voluntad, la capacidad de decidir, a otra persona o entidad, que de esta forma se convierte en un controlador. En este sentido el sistema operativo de la religión es insuperable como mecanismo de control mental efectivo. En el fondo lo que entregamos es nuestra capacidad de crear la realidad por nosotros mismos –aunque esta también es una de las religiones new age que se venden-. Tal vez esto se resume en la frase del ocultista Aleister Crowley“¿Si supieras que eres dios y que todos los demás son igual que tú, les dirías?”. Tal vez ese sea el secreto al cual se aferra la religión.

5. Comida y Agua

Los sagrados alimentos hoy en día contienen altas dosis de glutamato monosódico, fenilalanina, aspertame, fluoruro de sodio, y cientos de otros químicos que en buena medida envenenan al organismo humano o coartan las posibilidades de sus desarrollo. ¿Quieres abrir tu tercer ojo y ver la red de energía que atraviesa el universo? Eso va ser un poco difícil mi amigo, después de que has bebido toda tu vida fluoruro de sodio del agua del grifo que provee amorosamente tu ciudad. (El fluoruro de sodio se conecentra más en la glándula pineal que en ninguna otra parte del cuerpo, calcificándola; esta misteriosa glándula, “que secreta espíritus”, según Rene Descartes, es el portal al mundo espiritual según la mayoría de las culturas antiguas y de los modernos místicos).

Quieres que tus hijos crezcan sanos y fuertes y sean inteligentes como las personas que hablan en la televisión, comprales dulces con fenilalanina  y aspertame, delicioso desarrollo. O dales helados hechos con hormonas cancerígenas desarrolladas por nuestros buenos amigos en Monsanto. Un mundo transgénico, es un mundo sin hambre (sin hambre de ser)…

La industria del alimento, es actualmente una industria de un lento veneno. ¿O  tal vez esto sea un poco conspiranoico?, ¿pero quién puede negar que los alimentos industriales son perjudiciales para la salud del ser humano y que pese a que existen numeroso estudios científicos que comprueban esto, las autoridades no solo permiten sino fomentan la expansión de este modo de regenerar la existencia, como comprueban los cables de WikiLeaks en los que funcionarios de España y de Estados Unidos cabildearon directamente en favor de Monsanto y de los alimentos geneticámente modificados. Uno de los grandes beneficiarios del envenamiento del Food Inc, es Big Pharma, las grandes farmacéuticas, corporaciones multimillonarias ligadas a los bancos y a figuras políticas que necesitan, como si nuestra salud fuera un gadget, que constantemente estemos generando condiciones tratables con medicamentos, un círculo vicioso, el más oscuro Ourboros. Han convertido a la ciencia de Hermes, en la ciencia de Moloch.

6. Drogas

Aquí incluimos a los fármacos y a las drogas ilegales. Por una parte tenemos la industria de los antidepresivos, antipsicóticos, antidelirantes, y demás sustancias usadas para tratar condiciones mentales. Estas sustancias son recetadas indiscriminadamente a cualquiera que tenga la más vaga anormalidad mental, justamente a todos los que no son mentalmente normales. Una forma de uniformar criterios en la sociedad, de ofuscar a las mentes inquietas, posiblemente briillantes y rebeldes, es darles poderosos fármacos que los calmen, que los adormezcan en el plácido confort de no tener demonios pero tampoco sueños. Actualmente el 25% de los niños en Estados Unidos esta bajo prescripción de alguna sustancia de la cual se necesita una receta médica ¿Brave New World, alguien?

También es notable como algunas drogas ilegales, como el crack han sido empujadas por el mismo gobierno y la policía que las persiguen. Michael Rupert, ex DEA, relata como la CIA vendía cocaína en California. A veces las drogas pueden ser usadas directamente contra una población, como lo fue el opio en China, posiblemente la heroína con las Panteras Negras y el crack contra grupos afroamericanos en los ochenta (se especula que el LSD también fue promovido para acabar con algunos movimientos cuya conciencia cristalina se enturbió con esta sustancia o para manipular a ciertas personas como el caso de Charles Manson y su familia de asesinos, los cuales tomaban LSD como parte de su religión sincrética). La CIA experimentó con el LSD, con soldados, prostitutas y hasta con un pueblo entero en Francia.

Por otra parte prohibir plantas sagradas o enteógenos, como la Ayahuasca, los hongos mágicos o el Peyote, entre otras, es poner un candado a una dimensión milenaria en la que hombres y plantas han convivido y se han comunicado formando una alianza de poder y de conocimiento. Es negar la posibilidad de explorar las otras mentes dentro de la mente humana, las otras realidades dentro de la realidad humana. Es negar la posibilidad, hasta cierto punto, de que formemos una relación mágica con la naturaleza y apaguemos la televisión para irnos al bosque a buscar el axis mundi en cada hoja.

Como dijera William Burroughs, la histeria creada en torno a las drogas ilegales es usada para crear un estado de “control policial”. Desde la epoca del “Reefer Madness” o de la información relativa a las personas que brincan de edificios por el solo hecho de tomar LSD (o el clásico anuncio que ha pasado en todos nustros países del niño que se ahoga porque se drogó antes o se convirtió en un rufián por obra del diablo en la sustancia), hasta las guerras contra el narco y la violencia que provocan las plantas, la histeria en torno a las drogas ilegales ha sido usada –además de para financiar operaciones ilegales dentro de los gobiernos- para incrementar la vigilancia, para hacer necesaria una policía nacional y hasta global que tenga potestad sobre los ciudadanos y que acceda a la información personal de los individuos como si fuera propiedad del estado. Es una nueva versión del panóptico y es, apoyándonos en Foucault, una forma en la que el estado incrementa su poder, a través de la información.

7. Aire/Chemtrails

Los chemtrails o estelas químicas son parte de una teoría de conspiración que señala que desde algunos años los cielos del planeta están siendo roceados por varias sustancias químicas, metales tóxicos, bacterias y hasta nanotecnología que están dirigidas a a dañar la salud humana y hasta a alterar el código genético del ser humano. Las ciudades del planeta estarían siendo cruzadas por estelas como pentagramas y estrellas químicas para mantener a las masas en el déficit de su potencial.

8. Programas militares/armas psicotrónicas

En esta categoría entrarían programas militares en los que el control mental es visto como una estrategia bélica o en los que se desarrollan armas de control mental. Uno de los proyectos en los que se trabaja es en el uso de tecnología holográfica para crear ilusiones en el campo de batalla, como puede ser el Rostro de Alá o La Voz de Dios, utilizando tecnología de rayos dirigidos de sonido. Por otra parte están lo que se llaman armas psicotrónicas, las cuales están orientadas a la posibilidad de emitir información a distancia de forma que el receptor entre en un estado mental específico o que incluso llegue a escuchar mensajes, voces, que parecen son propias. Programas de DARPA o de la CIA como en los que trabajó Andrija Puharich, desarrollando dispositivos capaces de inducir experiencias de canalización, o el mítico Blue Beam, en el que se proyectaría un rapto holográfico y/o la llegada del Anticristo, entran en esta categoría conspiratoria

Ver aquí.

9. Espectro Radioeléctrico/Frecuencias electromagnéticas

Relacionada a la categoría anterior, en este apartado entraría desde la tecnología usada para transmitir  programas de televisión a través del espectro radioeléctrico como antenas capaces de transmitir ondas electromagnéticas de baja frecuenca como HAARP. Como dijera Marshal Mcluhan “el medio es el mensaje” , en este sentido los cuadros por segundo (“el flicker rate”) de la televisión y de las computadoras estaían diseñados para inducir la mente a estados poco armónicos de neurofuncionamiento. Estudios muestran que ver televisión independientemente del contenido afecta la actividad de las ondas cerebrales, llevando a la mente a un predominio de ondas alfa y teta asociados con estados de pasividad. En realidad el nivel de ondas alfa que provoca la televisión ocurre de manera natural cuando cerramos lo ojos. La televisión sustrae a los individuos a una dimensión mental fuera del presente como si estuvieramos soñando despiertos, sólo que no son nuestros sueños lúcidos. El estado alfa de receptividad pasiva en el que sume la televisión al cerebro es perfecto para la formación de improntas, implantes inconscientes, justamente sueños ajenos que introyectamos como nuestros.

Por otra parte tenemos la transmisión de ondas electromagnéticas de baja frecuencia, algo que el mismo Nikola Tesla ya había teorizado podia ser usado para afectar al cerebro humano. “Si podemos controlar este sistema de resonancia electrónicamente, podemos controlar el sistema mental de la humanidad”, escribió Nikola Tesla. El cerebro humano trabaja a ciertas frecuencias, esto es lo que denominan ondas cerebrales, las cuales tienen diferentes amplitudes y longitudes de onda. Cuando se expone a ondas electromagnéticas, como puede ser la televisión, o como puede ser el caso de la fotoestimulación, en las llamadas máquinas mentales de luz y sonido, las ondas cerebrales pueden mimetizar u alterar su comportamiento en relación a las ondas que está recibiendo. Teóricamente una antena capaz de emitir ondas electromagnéticas y rebotarlas en la ionósfera para dirigirlas a una población podría instalar estados mentales dominantes, generar estrés o ansiedad en millones de personas. Teóricamente las antenas del proyecto HAARP en Alaska podrían estar emitiendo ondas electromagnéticas bajas, que además de afectar el clima, podrían manipular el estado mental del planeta, de forma similar a un casco de dios inalámbrico.

Por otra parte, Leonard Horowitz cree que hemos sido víctimas de una frecuencia inarmónica en la música, debido una conspiración orquestada por la Fundación Rockefeller, que habría estandarizado la frecuencia de A=440Hertz como sintonía de la música comercial, robandonos de la frecuencia más armónica de A=444Hz (C5=528Hz), la cual aparece  en la naturaleza de forma dominante.

Otras personas teorizan que este tipo de control de las frecuencias electromagnéticas nos alejan de la resonancia Schumann, la frecuencia fundamental de la Tierra ubicada entre los 7.5 hertz y los 7.8 hertz,  o que incluso estarían alterando esta frecuencia a través de armas como HAARP.

Quizás la más radical de las teorías de conspiración entres las frecuencias electromagnéticas es la que suguiere que controlando las frecuencias a las que somos expuestos -aúnado a lo que comemos, a lo que recibimos en el aire y a la propaganda- se crea una especie de Matrix o programa de realidad virtual en el que vivimos. Este mundo experimentamos no existe más que como un programa informático, holográfico al cual hemos sido condicionados. Halla fuera está el universo, mientras nosotros vivimos en una simulación.

Recalcamos que estas son solo teorías y no existe, que sepamos, nada cercano a una prueba de que se está llevando a cabo una guerra invisible de frecuencias (aunque evidentemente sería difícil detectar esto si sí estuviera pasando, ya que estaríamos nadando  en el mismo mar de frecuencias como un pez en el agua).

10. El sexo

Relacionado a la publicidad como a la religión, el control mental a través del sexo tiene que ver con que la energía sexual, la energía primordial que mueve al ser humano, es manipulada por la cultura para propagar el sistema consumista y para mantener al ser humano en un estado onanista de baja energía. Aunque mucho más complejo que los anuncios de cerveza de mujeres en bikini, el sexo sirve como mecanismo cuasi mágico para activar un deseo y asociarlo con un producto. Por otra parte a través del deseo sexual insatisfecho, como diagnosticara Freud, la sociedad se vuelve neurótica y hoy en día la cultura parece inculcar que todos debemos copular con supermodelos o superatletas y evidentemente en la práctica no sucede -aunque la cultura nos promete que si seguimos todos su pasos y compramos todos sus productos lo lograremos- por lo cual se presenta un divorcio entre la intimidad real y la posibilidad de la sana y hasta sagrada expresión sexual -incursionando por los caminos del éxtasis- y la fantasía procrastinante que impera.

La Iglesia católica usó por varios siglos al sexo como una forma de control mental, en su caso ocultando y prohibiendo el sexo, haciendo tabú la exploración de la nave espacial del cuerpo. De esta forma guradándose la única copia de las llaves del cielo y manteniendo la exclusividad como interfaz de dios. Una sociedad sexualmente reprimida es una sociedad mentalmente reprimida y que subexplota su potencial, una sociedad más fácil de manipular. La mayoría de las cosas cambian para mantenerse igual: actualmente el control mental a través del sexo se da a través de la sobrexposición del sexo, lo que Jean Baudrillard llama lo obsceno, el ámbito donde la pornografía “es más sexy que el sexo, y por ende lo reemplaza” haciendo “explícito lo implícito”. Al igual  que sucede con la religión, la sobreinformación y sobrestimulación sexual crea una enorme confusión. Al punto de que no es que estemos excitados todo el tiempo viendo cuerpos semidesnudos en la televisión o videos pornográficos en Internet liberando la energía libidinal creativa o el kundalini, es que estamos drenando esta energía proyectandola a fantasmas electromagnéticos o tulpas. Si consideramos la creencia de que durante el acto sexual se produce una unión energética y una transferencia energética, se podría hablar de una vampirismo sexual electromagnético a escala global. Millones de personas enviando los filamentos de energía con los cuales podrían crear nuevos mundos a bizarras entidades catódicas que no son conscientes de que viven en un universo predatorial y no están en la cima de la pirámide alimenticia.

Fuente: Pijamasurf

El poder de la publicidad, una amenaza contra el individuo y el planeta

Publicación: 05/09/2011 
Autor: pijamasurf

La publicidad, que sostiene al sistema de consumo dominante, es una seria amenaza contra el ecosistema planetario, los recursos naturales y hasta nuestra individualidad, que al ser expuesta a la propaganda de la mente grupal se aleja de su autoconocimiento y autorrealización.

La ubicuidad de la publicidad hace que generalmente no reparemos en su efecto y en lo que significa para el orden de las cosas. A lo mucho consideramos sus mensajes como una molestia menor y zappeamos o bloqueamos instintivamente sus imágenes cuando navegamos por Internet o vamos por un horizonte urbano. Pero seamos consciente o no de su presencia, esta se filtra a lo más profundo de la psique colectiva e influye en el mundo que habitamos.

La era de los medios masivos de comunicación es también, indisociablemente, la era de la publicidad. Ya que la publicidad, una industria anual de medio billón de dólares, fondea la comunicación en todo el mundo, la información está en buena medida determinada por las grandes corporaciones que inyectan miles de millones de dólares a los consorcios mediáticos. Recordemos que en el sentido más básico la información es lo que programa nuestra realidad. Ahora bien, la publicidad sirve a una serie de intereses, el principal de ellos: la propagación de un estilo de vida.

Uno de los padres de la publicidad fue Ed Bernays (sobrino de Sigmund Freud), para quien la publicidad es un eufemismo de la propaganda (después de Goebbels este término fue relegado justamente como una estrategia de marketing de la misma publicidad). Bernays desarrolló una serie de conceptos que marcarían el destino de la publicidad, entre ellos el de “ingeniería del consenso” o “empoderamiento a través del consumo”, implementando el modus operandi fundamental de la asociación de un producto con el inconsciente (algo que tal vez aprendió de su ilustre tío). Actualmente, gracias a Bernays y a otros más, la publicidad es la propaganda del consumismo por todos los medios posibles. Más allá de un mensaje puntual de tal o cual producto, la publicidad promueve siempre el consumo y esto es algo que tiene serias consecuencias en el individuo y el planeta.

El profesor Justin Lewis, de la Universidad de Cardiff, ha escrito un notable ensayo sobre los peligros de la publicidad en el mundo actual, haciendo hincapié en que podemos estar acercándonos al punto en el que la publicidad se convierta en un serio peligro para el planeta.

Lewis advierte que la publicidad es el género principal de TV que vemos. Un espectador británico ve en promedio 48 comerciales de televisión al día; en Estados Unidos una persona se expone a 25 mil comerciales año. En Australia una tercera parte del tiempo de TV es publicidad; en Estados Unidos la cifra se acerca al 40%. Y si bien muchos de nosotros nos sentimos inmunes a la publicidad, ya que supuestamente tenemos criterio y somos analíticos, numerosos estudios muestran que el cine y la televisión penetran nuestro inconsciente afectándonos de diversas formas.

La multimillonaria industria de la publicidad sabe que para ser efectiva debe de emplear una serie de trucos o técnicas de persuasión, y para eso paga sueldos astronómicos a las personas más “creativas” del planeta —convirtiéndose en una especie de calamar vampiro de la creatividad. Algunas de las mentes que podrían ser las mejores de nuestra generación (si tan solo abandonaran la industria del marketing y la publicidad) queman sus neuronas buscando la manera de engañar a las personas para que compren un producto. De manera algo deleznable, en los rascacielos de las grandes urbes del mundo puedes ver a un grupo de creativos tomando LSD para invocar una “gran idea” que haga a tal candidato obtener más votos, o fumando Marihuana o quizás sirviéndose una “cuba” o un whiskey de su minibar para pensar en algo que te haga desear (sin saber por qué) comprar más Coca-Colas. Y así sucesivamente  mucha de la energía creativa de nuestro mundo se consume en un loop de circuito cerrado alimentando a la sociedad consumo. Esto sin contar que la mayoría del presupuesto que se destina a la producción de comerciales es inmensamente superior al presupuesto que se tiene para obras de creación artística, científica o educativa.

Mientras tanto, de manera taimada o solo ingenua asumimos que la industria publicitaria es esencialmente apolítica.

«La publicidad podrá ser individualmente inocente, pero colectivamente es el ala propagandística de la ideología consumista. La moral de las miles de diferentes historias que cuenta es que la única forma de asegurar el placer, la popularidad, la seguridad, la felicidad o la prosperidad es a través de comprar más; más consumo sin importar lo que ya tenemos», escribe el profesor Lewis.

Este mensaje que hace del santo grial de nuestra existencia una serie de productos que de alguna forma —si tenemos suficientes— nos harán cumplir nuestros sueños, aquello que vemos en las personas que aparecen en la TV y en las películas, es evidentemente una enorme falacia. Como indica Lewis, existen estudios que claramente marcan que no hay una conexión entre el volumen de objetos de consumo que una persona acumula y su bienestar. No solo no necesitamos un gadget o un nuevo cosmético para sobrevivir en un plano material ni en uno emocional, sino todo lo contrario: los objetos de consumo son muchas veces lo que nos permite no enfrentarnos con nuestra emociones, sumiéndolas en un plano inconsciente.

«La investigación muestra que una caminata en el parque, la interacción social o el trabajo como voluntarios hará más por nuestro bienestar que cualquier cantidad de “terapia de compras”. La publicidad, en ese sentido, nos empuja a maximizar nuestros ingresos en vez nuestro tiempo. Nos aleja de las actividades que nos dan placer y significado en nuestras vidas llevándonos a una arena que no nos puede proporcionar esto —lo que Sut Jhally llama “el mundo muerto de las cosas”», escribe Lewis en Open Democracy.

Aún más importante es el hecho de que, en un mundo finito,  nuestro ritmo de crecimiento de consumo es insostenible. Para el fin de este siglo, si seguimos consumiendo como lo estamos haciendo, la economía mundial tendrá que ser 80 veces más grande —y los recursos naturales del planeta lo sufrirán.

Además de amenazar el ecosistema, la publicidad es parte fundamental del programa cultural de la mente grupal: una transmisión memética que, sin aplicar un juicio de valor, nos moldea individualmente conforme a un paradigma establecido por aquella élite que se dedica a la ingeniería del consenso, para poder mantener el status quo. En cierta forma la publicidad es la forma en la que la clase dominante se comunica con las masas, una comunicación vertical, desde la cima de la pirámide electrónica hacia abajo.

«Si entendemos el mecanismo y los motivos de la mente grupal, entonces, ¿no sería posible controlar y regimentar a las masas, según nuestra propia voluntad sin que ellos lo sepan? La reciente práctica de la propaganda ha probado que es posible», escribió Ed Bernays en los albores fundacionales de la publicidad.

La publicidad actualmente, con la industria del infotainment, va más allá de los anuncios comerciales, penetra el contenido de la mayorías de los programas en los medios masivos, es en sí  misma el programa dominante:

«Este programa de deseo sexual incluye todas las cosas que se requieren para tener sexo: dinero, estatus, éxito, imagen, belleza, estar en forma, confianza, carisma social y otros. Todas estas cosas son deseables para nosotros de acuerdo con un fin especifico: tener sexo. La publicidad es un recordatorio constante de lo anterior, lo mismo que el porno. Actualmente los dos se han fundido: la publicidad es frecuentemente pornográfica y los sitios de pornografía (al igual que los de encontrar pareja) y sus anunciantes han inundado, literalmente, el Internet», escribe Aeolus Kephas, en Escritores del Cielo en Hades.

El mass media, con su masaje masivo de la psique, nos recuerda constantemente, en su fusión con la publicidad, todas las cosas que necesitamos para tener sexo, para ser felices o para conseguir nuestro sueños. Y de tanto recordárnoslo —la tautología que se vuelve verdad— nos implanta una especie de memoria y deseo ajeno, donde corremos el peligro de querer (e incluso conseguir) lo que todos quieren —y dejar a un lado el descubrimiento y la búsqueda del individuo, que solo puede ser él mismo, en su totalidad, si se desprende del colectivo y de la programación mental masiva.

Fuente 1: Open Democracy

Fuente 2: Pijamasurf

La publicidad implanta memorias falsas en tu cerebro

Un estudio científico muestra que el marketing es capaz de crear experiencias falsas en nuestro cerebro, llevando la narrativa de un anuncio a la narrativa de nuestros recuerdos.

¿Recuerdas ese verano hace ya varios años? La luz del sol hacía medios diamantes en la arena, una fresca brisa soplaba las hojas de tu libro, en la orilla un grupo de chicas —con las que por suerte habías viajado desde la gran urbe— jugaba con las olas y se correteaban entre sí por la playa, lanzando un ocasional frisbee que un labrador intentaba interceptar… sus bikinis estilo brasileño relumbraban entre el cielo y el mar. Tu amigo te pasaba una cerveza Sol con un guiño en el ojo y abría la suya con donaire. Esto es lo que se llama la buena vida, pensabas al tomar los primeros tragos de cebada helada…

Sólo que un detalle no encaja con este recuerdo: en esa rústica playa no tenían Sol, sólo llegaban camiones de Tecate, tu amigo no tomaba cerveza y probablemente esas chicas en bikini no iban contigo. En realidad el evento nunca sucedió pero puedes saborear esa cerveza fresca en el presente. Es como si la cervecería hubiera pagado product placement en tu cerebro. ¿Pero entonces de dónde viene esa memoria? Muy posiblemente, de los miles de anuncios de televisión que has visto.

Un nuevo estudio publicado en The Journal of Consumer Research ayuda explicar cómo las estrategias de marketing llegan a implantar memorias que nunca ocurrieron relacionadas con un producto en la mente de los consumidores. Al parecer, vívidos comerciales logran engañar al hipocampo (el centro de memoria de largo plazo en el cerebro) y le hacen creer que lo que acaba de ver en la televisión en realidad sucedió. Creemos que nos sucedió a nosotros en una especie de transpersonalización de los rayos catódicos al lienzo mental.

En un experimento se les presentó a 100 estudiantes un nuevo producto de palomitas de maíz llamado “Orville Redenbacher’s Gourmet Fresh Microwave Popcorn” (un producto que no existe). Luego se les asignó a los estudiantes aleatoriamente diferentes condiciones publicitarias. Algunos vieron anuncios de poco contenido visual que describían el delicioso sabor de este nuevo alimento. Otros fueron expuestos a comerciales de alto contenido visual en los que vieron todo tipo de personas felices disfrutando de estas palomitas de maíz en su sala. Después de ver la publicidad los estudiantes fueron asignados a una de dos habitaciones. En una de ellas se les hizo un sondeo no relacionado. En la otra se les dio una muestra de estas palomitas de maíz ficticias.

Una semana después a los estudiantes se les examinó a propósito de su memoria sobre el producto. Los estudiantes que vieron los anuncios de poco contenido visual rara vez reportaron haber probado las palomitas de maíz, pero aquellos que vieron los comerciales de alto impacto visual respondieron en varios casos haber probado las palomitas de maíz aunque muchos no lo habían hecho. Y dijeron haber probado las palomitas con un alto grado de aprobación, de forma contundente. La delusión era verosímil: no les gustaban las palomitas porque habían visto un buen anuncio, les gustaban porque tenían un buen sabor.

Los científicos se refieren a esto como “efecto de falsa experiencia“. “Ver el comercial vívido creó una falsa memoria de haber comido las palomitas, pese a que haber comido ese producto no existente habría sido imposible“, escribió el autor del estudio Priyali Rajagopal. “Como resultado, los consumidores deben de estar alertas al procesar comerciales de alto contenido visual“.

Aunque en un principio parece imposible que un estúpido comercial me haga pensar que amo un producto que no he consumido, Johan Lehrer, autor de varios libros de neurociencia, explica esto a través de los que se conoce como reconsolidación de la memoria. La reconsolidación está enraizada en el hecho de que cada vez que recordamos algo lo recreamos, hasta el punto de alterar los detalles neuronales. “Aunque nos gusta pensar en nuestras memorias como impresiones inmutables, de alguna forma separadas del acto de recordarlas, en realidad no lo están. Una memoria es tan real como la última vez que la recordaste. Lo que es un poco perturbador es que no podemos más que pedir prestadas nuestras memorias de otros lugares, así que el anuncio de televisión que vimos se convierte en nuestro, parte de esa narrativa personal que repetimos y recontamos“.

Más allá de lo perturbador —puesto que los publicistas y neuromarketingeros ciertamente saben esto—, lo interesante es que esta información nos revela que la memoria es un proceso incesante, activo y creativo. Es la diferencia entre “Guardar” y “Guardar como“: los archivos se reescriben cada vez que los recordamos. “La gente de marketing“, dice Lehrer, “simplemente es buena en darnos historias que queremos robar“.

Esto nos muestra la naturaleza programable del cerebro, el cual fácilmente puede ser ocupado y dirigido por la propaganda y la publicidad, pero igualmente puede ser codificado hacia un “pasado” deseado, para un “futuro” deseado por ti mismo. Si bien esto no significa que intentes implantar memorias felices en tu pasado similares a los anuncios de felicidad o de autosuperación que ves en la televisión, para proyectarte en el futuro sobre esa tabula como un tipo genial y exitoso, sí abre la puerta para que limes y sanes tus recuerdos, haciendo las paces, por decirlo de alguna manera, con algunos de ellos, recapitulando y retrotrayendo algunos más a tu desktop con poderosos iconos o sigilos que los propulsen al tálamo de lo que quieres crear.

Fuente 1: Wired

Fuente 2: Pijamasurf

Horas pasadas ante el televisor quitan años de vida

Posted in noticia,salud,tecnologia por Gonzalo Fernandez en junio 16, 2011
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Moscú, 15 de Junio, RIA Novosti – Tan sólo dos horas diarias dedicadas a ver la televisión aumentan hasta el 13% el riesgo de morir antes de cumplir 65 años, informó Journal of the American Medical Association citado por The Telegraph.

La baja actividad física amenaza con el desarrollo de la diabetes tipo 2 y de las enfermedades del corazón, afirman expertos de la Escuela de Salud Pública de Harvard. El televisor quita el tiempo libre en que el individuo podría dedicarse a una actividad más útil, relacionada con el movimiento y el ejercicio físico. Además, al ver la televisión, la gente suele consumir alimentos poco saludables.

Según expertos, los europeos gastan tres horas diarias para ver espacios televisivos; los australianos, cuatro, y los estadounidenses, cinco. Tras analizar ocho estudios en que se describía el modo de vida y el estado de salud de centenares de personas observadas de 1970 a 2011, los científicos llegaron a unas conclusiones tristes.

Resultó que dos horas diarias pasadas ante el televisor aumentan el riesgo de desarrollo de la diabetes hasta el 20% y de los males del corazón hasta el 15%. Debido a esa costumbre, al año se registran 176 casos de la diabetes tipo 2, 38 enfermedades del corazón y 104 muertes adicionales por 100.000 personas.

Fuente: RIA Novosti